Poetas italianas actuales 3: Mary Barbara Tolusso

 

Mary Barbara Tolusso

 

 

Mary Barbara Tolusso vive entre Trieste y Milán. Ha publicado los poemarios L’inverso ritrovato (Lietocolle, 2003), Il freddo e il crudele (Stampa, 2012) y la novela L’Imbalsamatrice (Gaffi, 2010). Es redactora del Nuovo Quadernario di Poesia dirigido por Maurizio Cucchi. Ha publicado en revistas como Nuovi Argomenti o Almanacco dello Specchio (Mondadori). Colabora con el blog de poesía del Corriere della sera y administra el blog Cover. Cose di letteratura para el diario Il Piccolo. Ha recibido el premio Pasolini (2004) y el Premio Fogazzaro (2012).

 

 

 

 

EL CUERPO ELEMENTAL

Es cada vez más difícil en estos tiempos ofrecer una definición exacta a la idea de cuerpo, entendido éste en su sentido material. El cuerpo de nuestra época nos devuelve una materialidad virtual, metafísica, mas no por ello menos real. La seducción que sobre mí ejerce la idea de “cuerpo” conlleva también su instinto, su animalidad, la ausencia de cualquier añadidura en la comunicación: si el dolor es dolor, el gozo es el gozo. Argumento éste aun más fascinante en una era como ésta de total mediación y de un paulatino desvanecimiento de la corporeidad. Sin embargo, es el cuerpo (el mismo que hoy en día intentamos que sea cada vez más duradero) el que nos lleva constantemente a un sentido de final, del que surge la neurosis de una materialidad casi inorgánica, perfecta.

            Con otras miradas intento poner en primer plano cuerpos desangelados, presas de su propia miseria, desnudos de cualquier otro valor que no sea el de la materia, cuerpos equiparables a organismos-huéspedes. Ni siquiera en mis imágenes más sórdidas el abuso de la carne pretende asumir una valencia moral o una función sentimental o consolatoria. El cuerpo se convierte en un magnífico instrumento rabdomante para “sentir” la ausencia, la brevedad, los lugares comunes, la finitud, el azar… y por lo tanto estimular en un modo más completo y responsable el sentido de nuestra participación.

 

 

***

 

 

El mundo se sucedía sin guerras.

Quiero decir que yo era

mi padre.

 

Gregorio Scalise

 

 

Ha elegido con atención los huesos y las manos,

ha sido un hombre escrupuloso.

Es por lo tanto él mismo, su criatura,

nacida como todos, hijo

de un ser real, un dependiente

de los dioses, uno que lo llevaría

a conocer la propia

inconsistencia. Dicen que del padre

ha sacado los pies, el cerebro

y la manera de cerrar las pestañas

contra el viento, respirable

por ahora. Así nació también él.

Ha venido al mundo y se distrae

con la trampa de los nombres, no se ha doblegado

no consigue decir nada más ése

es mi padre ha dicho solamente.

 

 

***

 

 

Las actividades físicas conllevan una sensación horrible. El cuerpo entrenado

es el predominante,  y responde a cada estímulo. Queda sólo la impresión de quedarse ahí,

con un palmo de narices, mientras tu cuerpo te traiciona.

 

 

***

 

 

El ADN no sabe nada y de nada se ocupa; simplemente es.

Richard Dawkins

 

 

Desnudo de todo bien, nada hay más concreto

que el cuerpo. Ése era el pacto: destruir

la razón, enloquecer de alegría, absolver

la medida de lo conocido. No tiene un sentir oblicuo

el cuerpo, sino tejidos, músculos, huesos, la consistencia

elemental de los finales donde no podrás redimirte del sueño.

 

No tiene sueños el cuerpo

si lográis entender lo que os digo.

 

 

***

 

 

Es la crisis del rostro la que te somete cuando recuerdas a un muerto. Las mejillas, los

dientes, el perímetro de los músculos frontales. La cara se disuelve en el sueño, el

cadáver trágico, cual trágica es la luna.

Tenme fijos los ojos sobre el blanco deshecho del sexo,

a la cara del destino, y abiertamente.

 

El resto decía así:

que él se fue dulcemente

por el azul ordinario de los cuartos.

 

 

***

 

 

Y por lo demás, y por una buena cantidad de razones

ningún periodo del pasado nos es tan

desconocido como las dos o tres décadas

que separan nuestros veinte años

de los de nuestro padre. Por ello

puede ser útil recordar que en los malos

tiempos nacen costumbres horribles y

pésimos poemas siguiendo los mismos principios

de los tiempos buenos; y que todo joven

varón se esfuerza en destruir los buenos

resultados de una época con la convicción

de mejorarlos. Sin embargo, siempre  adoraron

el sol, la salud y el culto a los héroes

nunca fue denominado “subhombre”.

Pero esta vez, digámoslo,

las cosas se ponen mejor imposible,

hay un espíritu de reforma y de conciencia

feliz. Los tiempos no son ya

los del padre, un brote,

una aurora, una pequeña resurrección.

No se escuchan perros aullar, ni se ven

empalizadas en las calles. Más allá del seto

una forma cansada remonta, brilla sola.

 

***

 

 

Il mondo procedeva senza guerre.

Voglio dire che io ero

mio padre.

Gregorio Scalise

 

Ha scelto con cura le ossa e le mani,

è stato un uomo scrupoloso.

Dunque è proprio lui, la sua

creatura, nata come tutti, figlio

di un essere reale, un commesso

degli dei, qualcuno che l’avrebbe

portato a conoscere la propria

inconsistenza. Dicono che del padre

ha preso i piedi, il cervello

e quel modo di battere le ciglia

contro l’aria, respirabile

per ora. Nato, così, anche lui.

Venuto al mondo si distrae

con la trappola dei nomi, non arreso,

non riesce a dire altro «quello

è mio padre», ha detto soltanto.

 

***

 

 

Le attività fisiche includono una sensazione orribile. Il corpo allenato ha il predominio,

risponde ad ogni stimolo. Rimane solo l’impressione di rimanere lì, con un palmo di

naso, mentre il tuo corpo ti tradisce.

 

***

 

 

Il DNA non sa nulla e non si cura di nulla. Il DNA, semplicemente, è.

Richard Dawkins

 

Spoglio com’è d’ogni bene, nulla è più concreto

del corpo. Ed era quello l’accordo: spezzare

la ragione, andare pazzi per la gioia, assolvere

la misura del noto. Non ha un sentire obliquo

il corpo ma tessuti, muscoli, ossa, la consistenza

elementare della fine dove non potrai riscattarti dal sonno.

 

Non ha sogni, il corpo –

se capite ciò che voglio dire.

 

 

***

 

 

È la crisi del volto che ti sconfigge quando ricordi un morto. Le guance, i denti, il

perimetro dei muscoli frontali. La faccia si dissolve in sogno, un cadavere tragico com’è

tragica la luna.

Tienimi fermi gli occhi sul bianco sciolto del sesso,

in faccia al destino, e apertamente.

 

Il resto diceva così:

che lui se ne andò dolcemente

nell’azzurro dozzinale delle stanze.

 

***

 

 

Del resto, e per una quantità di ragioni

nessun periodo del passato ci è tanto

ignoto quanto i due o tre decenni

che dividono i nostri vent’anni

da quelli di nostro padre. Perciò

può essere utile ricordare che nei tempi

cattivi si fanno orribili abiti e pessime

poesie seguendo gli stessi principi

dei tempi buoni; e che ogni giovane

uomo si impegna a distruggere i buoni

risultati di un’epoca nella convinzione

di migliorarli. Sempre, invece, hanno

adorato il sole, la salute e il culto

degli eroi non è mai stato chiamato

«sottouomo». Ma stavolta, diciamolo,

le cose si mettono al meglio,

c’è uno spirito di riforma e di felice

coscienza. I tempi non sono più

quelli del babbo, uno sboccio,

un’aurora, una piccola resurrezione.

Non si sentono cani ululare, né si vedono

palizzate sulle strade. Oltre la siepe

un’orma stanca risale, brilla sola.

 

 

 

 

 

 

 

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