4 POSTURAS ANTE EL CUERPO. 4 POETAS ITALIANAS ACTUALES

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4 POSTURAS ANTE EL CUERPO

4 POETAS ITALIANAS ACTUALES

 

GAIA DANESE

ISABELLA LEARDINI

MARY BARBARA TOLUSSO

LAURA PUGNO

Edición y traducción de Juan Carlos Reche

 

 

En la poesía italiana de la segunda mitad del siglo XX, la importancia del cuerpo y la manera de incorporar una visión original de él en la obra han sido preocupaciones fundacionales en muchas de las poéticas más seguidas, especialmente en algunas firmadas por mujeres. Durante las próximas cuatro semanas publicaremos la sección 4 POSTURAS ANTE EL CUERPO. 4 POETAS ITALIANAS ACTUALES para la que el poeta y traductor Juan Carlos Reche ha seleccionado a cuatro poetas italianas de las últimas generaciones, en cuya obra su relación con la poética del cuerpo es notable y singular. En cada ocasión, de cada poeta se publicará una poética escrita expresamente para La Tribu de Frida y una selección de poemas inéditos en castellano.

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GAIA DANESE

 

 

 

Gaia Danese (Roma, 1971) ha publicado el poemario Le estremità fragili / Las extremidades frágiles (Córdoba, Ed. Cosmopoética, 2007, traducción de Juan Carlos Reche, prólogo de Maurizio Cucchi). También ha colaborado con algunas revistas y suplementos como Espacio/Espaço Escrito o Lo Specchio del diario La Stampa. En 2003 estrenó en Roma la obra de teatro danza Tanghedia d’Amore. Doctora en relaciones internacionales por el Institut d’Études Politiques de París (Science Po) y diplomática de carrera, ha trabajado en Portugal, Uruguay y actualmente es Consejera en la embajada de Italia en Madrid. Estos poemas –excepto “Tango” – pertenecen al libro inédito L’amore domestico / El amor doméstico, que será publicado en otoño de 2016 en la colección Gialla Oro de la editorial italiana LietoColle.

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EL CUERPO DE LAS EMOCIONES

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Una insistente, casi obsesiva, percepción del cuerpo se deja entrever en mi poesía. La continua búsqueda de una alineación física del sentimiento ha hecho de mi cuerpo un vehículo, que danza y yoga han vuelto ágil y flexible. Un pequeño vehículo indispensable para la lucidez del pensamiento: Una actitud del cuerpo no produce movimiento. / Las alas plegadas de ángeles cansados / conservan sin embargo / la promesa de un vuelo. Una lucidez difundida anatómicamente, capaz de com-prender el cuerpo de los demás cual contenedor transparente de sueños, des-opacado y liberado del dominio de la cabeza y de la racionalidad unívoca. Una búsqueda del alma mediante el encuentro con otros cuerpos que se expresa en poemas como “Tango”: Cultivo el vicio / de abrazarme a un cuerpo cualquiera / y medir el espacio de otras almas / paso a paso… y en versos como Your body is my body in a mirror of love.  

La fisicidad, la corporeidad en mi poesía trasciende las declinaciones del género superando o confundiendo los límites: Manos, pies, mandíbulas demasiado grandes. / Frágiles divinidades mortales / que llevan los tacones con garbo / al otro lado del espejo. / Púdicas mariposas llamativas, / prendidas con agujas dolorosas / al tiempo que les queda.

Las dimensiones espacio y tiempo se articulan en el cuerpo: Acaricio la espalda curva de la tarde con distraída ternura; la misma, creo, que tú tienes por mí, y yo por cada cosa. El cuerpo empieza en los pies, extremidades –frágiles– que tocan, vacilantes, el mundo y que miro con extrema compasión. Practico con devoción la escucha minuciosa de los pensamientos y del estado de ánimo de los huesos, nervios, tendones y órganos; medida ésta para mí del sentido de una vida: Me conmueven las extremidades frágiles, / el rojo esmalte de las uñas / aferradas a la caricia del aire.

Promesa de libertad o jaula cerrada a cal y canto, el cuerpo nos salva y nos condena: Branquias sutiles / ensanchan el tórax / cerca de las escápulas. / Conviven en apnea / con el preciso orden del despertar (…) / Pero en vuestro sueño / se abren como bocas atrevidas / de par en par.

La corporeidad reconoce las emociones de músculos y órganos y vuelve físicas todas las dimensiones, abstractas o concretas de la realidad: Se inflaman las articulaciones del tiempo perdido, de las cosas por hacer, de las palabras repetidas. Siento la tristeza cuando ya está en las rodillas, olvidada. Sólo una leve molestia en los ligamentos.

Los cuerpos cuyos sentimientos han sido heridos necesitan hospitales (Reservaré una estancia de absoluto reposo / para muñecas exhaustas, / me dejaré peinar, lavar, planchar). Todos los cuerpos necesitan transformarse y morir, disolviéndose para renacer infinitamente, únicos e irrepetibles.

El encuentro casual con la investigación del diseñador Maurizio Montalti (que explora las relaciones entre las formas de vida natural partiendo de la microescala, pero con un acercamiento holístico al mundo como macroorganismo movido por relaciones simbióticas) ha venido a confirmar recientemente y con fuerza la razón profunda de la presencia del cuerpo en mi poesía que, parafraseando a Montalti, se aleja de un sentido de la vida a la sombra de la muerte y reconoce la decadencia y la muerte como procesos naturales, sin los que no sería posible una nueva vida: Y si me dejáis fermentar bajo un ligero velo, tendré el valor nutritivo de una silla. / Hongos y moho digerirán mi hermoso cuerpo y también todos mis sueños. / Germinaré, pues nada ha de perderse.

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SELECCIÓN DE POEMAS

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BRANQUIAS

 

Branquias sutiles

ensanchan el tórax

cerca de las escápulas.

Conviven en apnea

con el preciso orden del despertar:

la ropa elegida y doblada

las galletas del desayuno,

las carteras preparadas.

 

Prudentes, exhalan suspiros leves

en los cuentos de la noche.

 

Pero en vuestro sueño

se abren como bocas descaradas

de par en par.

 

 

 

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¿Debería alegrarme que ha vuelto el verano?

El sueño es la ciénaga de siempre, no siento el canto de las cigarras, ni el sabor de los frutos que devoro.

 

Me conmueve, eso sí, una lagartija. Con dos dedos la he sacado del agua, se ha tendido en la piedra caliente y aprieta los ojos de gusto.

 

Dos tortugas sonrientes negocian por una hoja de lechuga. Me tumbo también yo sobre esas piedras. Empiezo a sospechar que la clave está en la sangre fría.

 

La lagartija la he encontrado muerta, seca como una hoja fina.

En el carril, una serpiente sin cabeza.

 

 

 

***

 

 

 

Acaricio la espalda curva de la tarde con distraída ternura; la misma, creo, que tú tienes por mí, y yo por cada cosa.

 

Me apoyo en los músculos, como lazos de un corsé,

para no parecerme a un montón de trapos tristes.

 

Infeliz estarás tú, yo estoy más allá. En el agua negra ligeramente encrespada, en el algodón de pareos rosas, en el silencio perfecto de vuestro sueño.

 

Brilla el asfalto del mar. Os habéis ido a dormir, y nada me precisa.

 

Nadie me ha obligado a la esclavitud del desvelo; libre, sin embargo, os he hecho el nido. Me la he puesto y me queda ni que pintada.

 

Y luego esta broma del destino, la armadura vacía, el corsé envolviendo la nada. Y de mí casi nada.

 

Prudente o desganada, quedo en el borde de una carretera, el cuerpo dolorido por un cansancio acumulado quién sabe cuándo.

 

Esférico, flotante, el corazón apretado en un nudo. Poco más grande que un pañuelo, encerrado entre las costillas como en una caja de agua. Empuja el mar de

dentro, hacia las orillas de los oídos. Y sigo tragando en vano.

 

Me aferro al exterior: que me lleve el viento, que los ojos se me llenen de flores, que me llame al mundo tu vocecilla (una voz de niña).

 

 

 

 

HOSPITAL DE BONECAS

 

En el hospital de las muñecas

pintan bocas nuevas,

tienen piernas y brazos de repuesto

botones en vez de ojos,

pelo de seda y vestiditos.

 

En el hospital de las muñecas

remiendan cabezas y corazones.

 

Reservaré una estancia de absoluto reposo

para muñecas exhaustas,

me dejaré peinar lavar planchar.

 

Uñas pintadas, por favor;

y tacones altos. Esta noche salgo a bailar.

 

 

 

TRÁNSITOS

Change,

turn and face the strange

                 David Bowie

 

Besos de labios gélidos,

senos esféricos e inmóviles

sin gravedad,

canon áureo o silicona.

 

Plastificados desde dentro,

los cuerpos no reciclables

serán restos venenosos y remendados,

escudos de gelatina contra el porvenir.

 

Analgésicos marca blanca esterilizan el dolor,

y luego, el asombro (anima vagula blandula):

la apariencia de quien se ha diseñado a medida.

Almas que cambiaron de cuerpo en vida.

 

Manos, pies, mandíbulas demasiado grandes.

Frágiles divinidades mortales

que llevan los tacones con garbo

al otro lado del espejo.

Púdicas mariposas llamativas,

prendidas con agujas dolorosas

al tiempo que les queda.

 

No por miedo a envejecer;

por alinear los músculos al corazón.

Vivir y morir, mil y mil veces, solamente por amor.

 

 

 

 

 

ESOLACIÓN

 

Hace falta el coraje de los líquenes, la tenacidad del moho, la obstinación del hongo para crecer en las paredes inhóspitas del alma.

 

(Recuerdan los líquenes ciertas vidas).

 

Merecen una firme admiración y reciben poco más que desprecio.

 

También el parásito vive, en natura, con impulso imparable y puro.

 

Nosotros sin embargo repetimos, obsesivamente y sin fin, actos de soberbia no solicitados. La única especie de obtusos.

 

 

 

 

 

 

THE EPHEMERAL ICON

 

No eran mariposas,

era sólo una leve taquicardia.

 

La transparencia del envase me distrajo de la causa de tanta agitación: yo veía colores, un caleidoscopio de futuras posibilidades.

 

Pero no eran mariposas, eran afanosos insectos que me han abonado el corazón.

 

Y si me dejáis fermentar bajo un ligero velo, tendré el valor nutritivo de una silla.

 

Hongos y moho digerirán mi hermoso cuerpo y también todos mis sueños. Germinaré, pues nada ha de perderse.

 

 

 

***

 

 

 

 

BRANCHIE

 

Branchie sottili

all’altezza delle scapole allargano il torace.

Convivono in apnea con l’ordine preciso dei risvegli,

i biscotti della colazione,

i vestiti scelti e piegati,

le cartelle preparate.

 

Prudenti, esalano respiri lievi

nelle fiabe della sera.

 

Ma nel vostro sonno si aprono sfacciate,

come bocche, spalancate.

 

***

 

Perché dovrei rallegrarmi se è tornata l’estate?

Il sonno è la stessa palude di sempre, non sento il canto delle cicale,

né il sapore dei frutti che divoro.

 

Mi commuove invece una piccolissima lucertola. Con due dita l’ho tirata via dall’acqua, si è appiattita sulle pietre calde e stringe gli occhi di gioia.

 

Due tartarughe sorridenti negoziano per una foglia d’insalata. Mi stendo anche io su quelle pietre. Inizio a sospettare che la chiave stia nel sangue freddo.

 

La lucertola l’ho ritrovata morta, secca come una foglia sottile.

Sulla strada, un serpente senza testa.

 

 

***

 

Accarezzo la schiena curva del pomeriggio con distratta tenerezza, la stessa, credo, che tu hai per me ed io per ogni cosa.

 

Mi appoggio sui muscoli, come i lacci di un corsetto,

per non assomigliare a un mucchio di stracci tristi.

 

Infelice sarai tu, io sono altrove. Nel leggero incresparsi dell’acqua nera, nel cotone dei teli rosa, nel silenzio perfetto del vostro sonno.

 

Brilla l’asfalto del mare. Siete andati a dormire, e niente ha più bisogno di me.

 

Mi avessero forzata a questa schiavitù della veglia, libera invece vi ho fatto il nido. L’ho indossata e mi calza a pennello.

 

Poi questo scherzo del destino, l’armatura che resta vuota, il corsetto attorno al nulla. E di me quasi niente.

 

Resto prudente o svogliata sul ciglio di una strada, il corpo dolente di certa stanchezza accumulata chissà quando.

 

Sferico, galleggiante, il cuore sta stretto in un nodo. Poco più grande di un fazzoletto, chiuso tra le costole come in una cassa d’acqua. Spinge il mare da dentro, ai

bordi delle orecchie. E continuo a ingoiare a vuoto.

 

Mi afferro al fuori: che mi porti il vento, che gli occhi mi si riempiano di fiori, che mi chiami al mondo la tua vocina (una voce di bambina).

 

 

 

 

HOSPITAL DE BONECAS

 

All’ospedale delle bambole

dipingono bocche nuove,

hanno gambe e braccia di ricambio

nei cassetti

bottoni per gli occhi

capelli di seta

e vestitini.

 

All’ospedale delle bambole

incollano teste e cuori.

 

Prenoterò un soggiorno di tutto riposo

per bambole esauste,

mi lascerò pettinare lavare stirare.

 

Unghie laccate, per favore,

e tacchi alti. Stasera vado a ballare.

 

 

 

TRANSITI

 

Change,

turn and face the strange

                 David Bowie

 

Baci di labbra gelide,

seni sferici e immobili

senza gravità

canone aureo o silicone.

 

Plastificati dall’interno,

i corpi non riciclabili

saranno velenosi reperti ricuciti.

Scudi gelatinosi contro l’avvenire.

 

Anestetici da banco sterilizzano il dolore,

ma poi, che incanto (anima vagula blandula):

l’apparenza di chi si è disegnato a sua misura.

Anime che in vita hanno cambiato corpo.

 

Mani, piedi, mascelle troppo grandi.

Sono divinità mortali e incedono fragili sui tacchi,

oltre lo specchio.

Pudiche sgargianti farfalle, appuntate con spilli dolorosi

al tempo che resta.

 

Non per paura di invecchiare,

ma per allineare tutti i muscoli al cuore.

Vivere e morire, mille e mille volte, soltanto per amore.

 

 

 

ESOLAZIONE

 

Ci vuole il coraggio dei licheni, la tenacia delle muffe, l’ostinazione del fungo, per crescere sulle pareti inospitali dell’anima.

 

(Ricordano i licheni certe vite).

 

Meritano sicura ammirazione e ricevono poco più che disprezzo.

 

Anche il parassita vive, in natura, con puro inarrestabile slancio.

 

Noi invece ripetiamo, ossessivamente e senza un fine, atti di superbia non richiesti. L’unica specie di ottusi.

 

 

 

 

 

THE EPHEMERAL ICON

 

Non erano farfalle,

era soltanto una tachicardia leggera.

 

La trasparenza del contenitore mi ha ingannata sull’origine di tanta agitazione: io vedevo dei colori, un caleidoscopio di possibilità future.

 

Ma non erano farfalle, erano insetti laboriosi che mi hanno concimato il cuore.

 

E se mi lascerete fermentare sotto un leggero velo, avrò il valore nutritivo di una sedia.

 

Funghi e muffe digeriranno il mio bel corpo e ogni mio sogno. Germoglierò e niente andrà perduto.

 

 

 

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