Diario de una charnega II

 

Día2

El viernes pasado fueron desahuciadas tres familias. Se ve que el bloque de Ofelia Nieto (Madrid) debía seis metros de acera a Botella. Y las personas no importan en absoluto, pero por las calles se mata. Es importante tener grandes calles, con grandes aceras que acompañen a nuestra gran pobreza por si un día, cada vez más cerca, esta pasa a ser de calle a casa. Los que mandan envían a esos bichos infrahumanos disfrazados de Robocop, que reparten mandanga de la buena rompiendo brazos, vidas y lo que se tercie. Los ejecutores de la jugada son unos elementos que prepara el estado vaciándolos de razón, moral y humanidad, y los carga de palitos del selfie y mala uva para obedecer sin rechistar. Alguna vez esas gentes habrán sido seres humanos, ¿o será que ya nacieron animales?

El desahucio es el pan de cada día en muchos barrios. Otros lugares viven de espaldas –ojos que no ven, corazón que no siente- y pasan página en los diarios cuando/si lo cuentan. A las casas de los de la inopia, o el corazón vacío pero de oro, llegan sus mujeres de los barrios desahuciados, con sus pieles oscuras, la lengua mal hablada, la mirada sumisa y el agradecimiento en el cénit. Llegan esas mujeres y les llenan la nevera, de besos a sus niños, paseos a los perros, de atención y cuidados y trabajo casero mal pagado y peor valorado. Puede que muchos de los amos de esas mujeres sean los mismos que están de acuerdo con los desahucios. Los amos comen, visten, viven de las manos de ellas; mientras, ellas no pueden llevar el pan a casa, porque quizá no tienen para pan o no tienen casa. Ellas solo son las amas de casa de sus amos.

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