Poemas de María González

 

 

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María González (Córdoba, 1986). Vinculada a la literatura y al teatro desde su infancia, es licenciada en Escenografía por la ESAD de Córdoba, además, cursó estudios de Arquitectura Efímera y de interpretación. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado poemas en las antologías Tiempos Extraños para ti (Literalia, 2005), Qué nos han hecho (Isla Varia, 2008), Terreno Fértil (El Cangrejo Pistolero, 2010), Sais. Diecinueve poetas desde La bella Varsovia (La bella Varsovia, 2010), A gustar convidan (La bella Varsovia, 2012) y La vida por delante (Ed. En Huida, 2012). Ha participado en ciclos de lecturas como Diversos, Las noches del cangrejo, Noctámbulos, iniciativas como Redetejas y festivales como Perfopoesía o Cosmopoética. Colabora con el músico Curro Rumbao en el proyecto Dos Mitades. Es autora de los libros El año en que  murió Jean Genet (La bella Varsovia, 2010), y El Espejo (Ediciones en Huida, 2015).

 

 

 

 

Nací de un ataúd blanco.

Traje al mundo la pena

que por herencia me dejaste.

 

Nací de un ataúd,

blanco.

 

 

*

 

 

BEBÉS

 

 

Incubar,

la solución perfecta.

 

Los fetos de siete meses

no sobreviven sin ayuda.

Nacen desprovistos de fuerza en los pulmones,

salen al mundo para morir.

Amarillos, azules o violetas,

su carne no soporta el frío ni el aire,

su lengua no se mueve demasiado.

No hay uñas ni aliento suficiente para sacarlos adelante.

 

Qué difícil es parir. Qué dolorosa una cesárea.

Dar a luz en casa y de repente.

Enterrar a tus hijos sin haberlos escuchado reír,

sin haberlos visto.

Notar la tripa deformada con los años,

llena de bultos tras la malla estomacal.

 

Hay bebés que no aguantan en el vientre,

ansiosos por ver colores que nunca llegarán a sentir.

Bebés capullo o semilla, también bebés tierra y agua.

 

Un niño que espera un hermano.

Un niño consciente, que balbucea

No importa…

Un hijo único de cinco partos.

 

Aún hoy,

no hay incubadoras cuando se pare un corazón.

 

 

*

 

 

A

 

 

Los hombres de mi sangre tienen manos fuertes.

Ríen con la garganta,

nadie agarra como ellos.

Se nombran como monarcas sabios.

Combaten.

No descansan.

                    Caen.

Y vuelven a luchar.

Pierden el aliento guerreando,

cubiertos de metralla,

parapetados para el dolor externo.

 

Estos hombres de ojos limpios,

grandes y con arrugas,

de cortos dedos y cuerpo magullado,

hablan con dolor del abandono,

o no lo nombran.

 

 

 

 *

 

 

Poseer una carga genética importante no condiciona.

Repite. Poseer. Repite. Carga genética. Repite. Condición.

Factores prenatales; Ataúdes blancos.

Factores sociales; La niña idiota.

Drogodependencia; Pulmones negros, azúcar en sangre.

Desposeer. Repite. Desposeer.

Mira otras ramas. Elige muerte. Desecha susto. Elige el

juego. Derriba al oponente. Vomítate el estómago. Mira a tu

lado. Observa la similitud en las facciones. Elige muerte.

Elige muerte. Elige.

Repite.

Ataúdes blancos.

Pulmones negros.

Tira los dados. Elige la ciencia. Elige un número.

 

 

*

 

 

Cunas.

De madera y barrotes kilométricos, con gusto amargo para

la boca del bebé. De todos los modelos. Cunas, cunas por

todas partes. Niños fantasma, invisibles, niños muñeco

, inquisidores desde la barriga de sus madres. Niños

encerrados que empezarán a morir en cunas.

Siempre cunas.

 

Jaulas.

Delimitando el radio de acción de la hiperactividad.

Acolchadas, preparadas anti rotura. Jaulas de metacrilato, t

ambién de cristal, que destrozar con los puños para salir

al patio. Y morder sus paredes, estrellar el cráneo en ellas.

Como animales dementes encerrados en jaulas.

Siempre jaulas.

 

Celdas.

Que contengan nuestro cerebro y nuestros brazos, el

peligro, la lengua. Muros grises y blancos, ladrillos rojos y

un jardín electrificado. Habitación aséptica de hospital-

enfermería, y todas las estrellas del cielo. La luz está tan

lejos del edificio y de las celdas…

Siempre celdas. 

 

 

 

 *

 

 

Mi nombre es M, es dulce, septiembre el 12, es aire que

aviva un fuego, hierba y pulmón. Mi nombre es pura, es río

y semilla. Mi nombre de lágrima y sol, arco y animal.

Batalla. Paloma rubia sin plumas, cetro de mando, amor

del maestro, carnero insomne y sacrificio.

Mi nombre hace el amor con el sol y las pirámides. Es la

puta y la ninfa. Y canta, él sólo, arrastrándome en

penitencia.

 

 

Mi nombre es el amante de Dios. La zorra, el horno. Mi

nombre es luz y agua de un cristal. Blanca, caucásica, ojos

miel y ceniza. Mi nombre son las uñas de la infancia, los

tirones y las rodillas. Mi nombre-eco entre los árboles, y las

montañas que no entraban en la maleta.

 

Mi nombre son las huellas de sus pies.

 

 

 

Todos los poemas pertenecen a El Espejo (Ediciones en Huida, 2015).

 

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