Yoro. Un viaje al corazón de la crueldad y el amor. Marina Perezagua

 

Yoro-portada

 

Yoro, Marina Perezagua

Los libros del lince (2015)

Esta velocidad es insoportable.

Ni lo bastante lenta para parar ni lo bastante rápida para matar.

(pág.159)

Yoro es la confesión de un sufrimiento extenso y profundo; ese sufrimiento por la pérdida de lo que anhelamos y rechazamos a la vez, de la identidad que nos han robado con y sin nuestro consentimiento, de la sexualidad que nos atormenta y nos regala un pedacito de éxtasis mundano. Yoro también es la confesión que describe una esperanza incombustible movida por el amor, el deseo y las ganas de combatir la soledad. Gracias a su protagonista, veremos que no importa lo esperpéntica y desesperada que sea la situación;esa fuerza invisible que nos agarra y nos mantiene unidos a la vida es tan inexplicable como poderosa. En ocasiones, como le ocurre a la protagonista, la odiaremos y desearíamos que la destrucción nos abrazara para deshacernos del dolor de una vez por todas; otras, nos resignaremos y seguiremos latiendo.

Quiero taparme los oídos. Pero el aullido es líquido. Se cuela como e aceite por cualquier grieta. En el coche. En mi caracola auditiva que bombea sangre como el corazón del cerebro. (pág.160)

H, el nombre que escoge la protagonista para autodenominarse en referencia a la letra muda, nos tiende la mano para que viajemos junto a ella por Hiroshima, Nueva York, África y demás rincones del mundo; pero,no te dejes engañar por la geografía externa, se trata de un viaje interior hacia el amor más genuino, ese que mezcla en una batidora suave el amor propio y el amor hacia los nuestros hasta convertirlos en una crema homogénea que lo impregna todo: la dignidad, el dolor, la esperanza, el deseo.Durante gran parte de la novela, viajará junto a su otra mitad, Jim, un ex-militar americano que sufrió los horrores de la Segunda Guerra Mundial en sus propias carnes, en busca de su hija adoptiva, Yoro, una niña japonesa que le fue entregada después de la catástrofe de Hiroshima. Debía cuidarla durante tan solo cinco años y, finalizado el periodo, renunciar a ella sin discusiones. Pero no pudo, se negó a abandonarla, a dejar de ejercer su paternidad, y decidió emprender su búsqueda a costa de su carrera militar.

H no convivió con Yoro, ni tan siquiera llegó a conocerla, pero el vínculo que la une a Jim es tan poderoso que la buscará como si fuera propia incluso después de la muerte de su amado. La buscará en su vientre y la buscará, superando los miedos,enlas cloacas más repugnantes, aquellas en las que los humanos encierran y torturan a sus semejantespara convertirlos en esclavos, en ratas que no conocen el azul del cielo. Con este maravilloso texto, la autora, Marina Perezagua, expone, sin eufemismos de por medio, momentos patéticos que revelan nuestra crueldad más devastadora. No podemos mirar a otro lado, los ojos se inyectan en rabia al ver hasta que punto somos capaces de pervertir la inocencia que nos rodea. Somos violencia y la guerra está ahí para demostrarlo.

Pero como seres de naturaleza contradictoria que somos, también tenemos una capacidad infinita para el amor incluso en las adversidades. H es una madre sin hijos generosa y afectuosa en unas condiciones especiales. Se trata de una mujer que nació en cuerpo de hombre, lo que la privaría de la magia terrenal que supone engendrar; crear y parir un ser vivo a partir de tus células, tu alma y el amor que sientes por tu compañero. Junto a ella aprendemos cómo te define la maternidad cuando te la arrebatan sin posibilidad de experimentarla en tus carnes. Además, por si fuera poca la frustración, la bomba de Hiroshima pulveriza las posibilidades masculinas en el cuerpo de H para procrear. Así pues, al trauma que supone sobrevivir a una explosión nuclear, se le sumala negación de una anhelada familia propia.

Me había emparedado a mí misma, y envidiaba en mis fantasías tener una hija de pechos llenos de leche de los cuales beber el alimento, y el calor de una familia. (pág.199)

La gran capacidad amatoria de H y la imposibilidad de volcar todo ese cariño en un hijo propio será el detonante del embarazo psicológico que la acompañará desde su madurez casi hasta el final de sus días. Se sentirá desorientada a menudo por no poder canalizar toda esa energía comprimida entre las paredes de su corazón y, a menudo, deberá recluirse en sí misma para no explosionar y destrozar todo cuanto la rodea.Sí, es cierto que encuentra al que será su compañero de vida y lo llena hasta los bordes de un amor loco pero no es suficiente. Acude a psicólogos y a psiquiatras pero ninguno la ayuda a tratar toda esa angustia que nace de una ausencia inexplicable, complicada. Sólo la búsqueda de Yoro conseguirá calmar por momentos esa ansiedad.

Evidentemente, la sexualidad es también un tema muy presente en toda la novela. Afortunadamente no nos encontramos ante un texto que bordea los límites de ‘lo que se puede decir’ y H nos habla sin tapujos para que podamos comprender qué significa vivir en su piel. Nació hombre y, tras la bomba que le arrebató esa parte de su anatomía que siempre había detestado, se somete a diferente operaciones para que su cuerpo refleje la identidad que siempre la acompañó. Pero, seamos realistas, en este periodo de la historia aún están muy verdes en lo que a cirugía de reasignación de sexo se refiere y, cada vez que está con un hombre, teme que la descubran. Pese a los obstáculos, H vive su sexualidad con libertad y pasión. La amistad que la une a una superviviente de Hiroshima le ayudará a descubrir el fuego que siempre ha estado esperando entre sus piernas y, llegado cierto momento, lo utilizará como remedio para aliviar el dolor acumulado en su alma y a configurar una identidad en la que sentirse cómoda.

La verdad es que no he entendido nunca por qué tenemos que vivir toda la vida con un nombre que nos ha dado otro. […] Existen ceremonias de todo tipo, pero no existe una ceremonia específica en la que uno de nosotros pueda confirmar o rechazar el nombre que nos dieron. (pág.109)

Con Haprendemos qué quiere decir ser uno mismo entre la masa espesa, indiferente, cruel; qué significa buscar el sentido entre el caos y la destrucción que nos rodean, qué significa ser feliz. Con ella vemos que la vida es dolor pero también es paz. Que somos nuestro peor enemigo pero también lo único a lo que aferrarnos cuando la muerte se lleva a los que más queremos y que, al final de todo esto, cuando el telón baje, no importará qué hiciste bien o qué hiciste mal; lo único que importará es si lo que hiciste tenía razón de ser, si te movió la poesía y la bondad que recorren tus venas.

Me aburriría como la sangre espesa de un hombre perezoso. Sangraría la madera sin pensar en nada más que en la materia del árbol. Carpintera. Sería carpintera, y después sería el pájaro que desangra la corteza. Sería también la bala del cazador que atraviesa el ciervo. Veloz. Sangre de pólvora disparada por otro. Sin esfuerzo cruzaría el pelo, piel y carne, mi último destino, cuerpo cálido, animal, que me entierra en su centro, alejándome de la soledad de la sepultura fría. ( p.235)



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