Descongelando a Annie Ernaux

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La mujer helada, Annie Ernaux

Cabaret Voltaire (2015)

La mujer helada es una obra que Annie Ernaux publicó en Francia en el año 1981, cuando la domesticidad parecía que dejaba de ser tarea obligatoria para las mujeres, precisamente para denunciar que no, que de eso nada; que a pesar de las libertades conseguidas por la lucha feminista lo que realmente contaba para nosotras entonces seguía siendo nuestra calidad como esposas y madres. Ni nuestra inteligencia, ni nuestra profesionalidad, ni nuestra autonomía. A las mujeres se nos seguía valorando por nuestro currículum sentimental, en cuanto compañeras, paridoras y cuidadoras.

 

Desde entonces el texto, que en Francia seguía reeditándose, se quedó en el congelador de las editoriales españolas, en la bandeja de “pendiente de traducir”. Hasta que a finales de 2015 la editorial Cabaret Voltaire dio la campanada. Por fin podíamos leer completa “La mujer helada”, más allá del fragmento que se incluía en la recopilación “Maternidad y creación” de Moyra Davey (del año 2001, que aquí publicó Alba en 2007), y que nos hacía intuir una obra de alto voltaje con una enorme carga crítica hacia la sociedad y sus férreas reglas marcadas para las mujeres. No nos equivocamos.

 

Han pasado 34 años, pero el discurso de Ernaux lejos de pasar de moda, grita con la misma intensidad ahora que entonces. “La mujer helada” denuncia un sistema que se basa en la familia tradicional y su perpetuación, a costa de la libertad de las mujeres. Un sistema que nos quiere viviendo para los demás y encontrando satisfacción en ello. ¿Os suena?

 

Se han producido cambios, no digo que no. Pero estamos tan lejos de la igualdad que no pasa de moda Annie Ernaux, ni la crítica a la sociedad que sostiene el tinglado, que presiona a las mujeres para que cumplan su rol de madres y que castiga a las que se salen del rebaño. “La mujer helada” reflexiona sobre la sumisión con la que muchas aceptan el matrimonio y la maternidad como único destino, saca a la luz la frustración que genera vivir la vida que en el fondo no has elegido, que  sentiste que te imponían porque es difícil romper, cuesta decepcionar las expectativas que los demás tienen sobre ti. Vivir una vida ajena, que has asimilado como propia y no lo es, el rol que la sociedad espera que desempeñemos es tan obtuso que limitarse a él sólo puede acarrear una profunda insatisfacción.

 

Para ello la autora nos cuenta su vida, desanda el camino recorrido hasta convertirse en mujer. Narra su subjetividad, las vivencias de una mujer francesa de clase media, educada en valores de igualdad y libertad, por mujeres fuertes e independientes, que a pesar del esfuerzo que los padres hicieron porque fuera una persona libre y autónoma, acaba congelada, fosilizada, helada, representando el papel que la sociedad tiene reservado para ella. Tanta educación y tanta formación para acabar pasando por el aro, para dejar a un lado tus aspiraciones y ocuparte de la cocina, para convertirte en ama de casa y madre.

 

Reflexiona sobre la disonancia que experimenta esa mujer a la que su madre feminista hizo creer que era libre de ser quien le diera la gana, mientras que del otro lado la sociedad (el colegio, las amigas, nos novietes…) la iba programando, encaminando hacia su único destino: el matrimonio y la maternidad. Una maternidad que Annie Ernaux vivió como esclavitud, renuncia y cárcel. Visibiliza la inmensa soledad, el ninguneo, la frustración y la carga que arde dentro de  esas mujeres aparentemente ideales que empujan una silla de bebé por los centros comerciales de la periferia.

 

Nos lo cuenta en primera persona, en el tono duro y sobrio de alguien que está haciendo la autopsia de su vida, analizando cómo ha podido llegar a ese punto. Se trata de una autoficción, un material literario que la autora construye sobre sus vivencias personales, que no es una novela, pero tampoco un ensayo, ni unas memorias. Es un género híbrido, postmoderno que la autora domina a la perfección como demostró en “El acontecimiento”, “Una mujer” o “La vergüenza”. Ella dice que escribe por necesidad, en el tono de ese yo que confiesa, distante, con una honestidad brutal, donde la autora se desnuda y nos muestra toda su verdad, donde está diciendo cosas que a veces no te atreverías ni a decirte a ti misma. Hermoso y escalofriante.


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