Som dones: Aixa de la Cruz

 

Fotografía de Isabel Wageman.

Fotografía de Isabel Wageman.

 

Aixa de la Cruz nace en Bilbao en 1988, y no ha parado desde entonces. Licenciada en filología inglesa, aunque a punto estuvo de ponerse con el derecho y la economía. Actualmente está sacando tiempo para el doctorado, investigando sobre la tortura en las series de televisión. Algo productivo, de momento, ya ha sacado de la tesis, el relato que cierra el libro Modelos animales, publicado en Salto de Página, que bebe y se crece en el tema. Con 18 años estuvo becada en la Fundación Antonio Gala. Si eres escritor, joven y tienes una idea, mírate las bases porque son seis meses a todo pagado para desarrollar un proyecto. De su paso por la Fundacion Aixa sacó una novela juvenil Cuando fuimos ganadores (está descatalogada), de la que no se siente del todo orgullosa. Ruega por favor que nadie la lea. Su segunda novela De música ligera estaba en 451 editores, una editorial muy chula, que pena la nuestra, ya no existe.

Aunque ha estado unos años de barbecho en cuanto a sacar mercancía a las librerías, la actividad nunca ha parado. Ha escrito mucho, y lo ha tirado a la basura. Cuatro novelas escritas del tirón que al final no funcionaron. De estas novelas algunas ideas las recicla para Modelos animales. Ha participado en varias antologías de escritores menores de 30, en la de Lengua de Trapo Última temporada y la de Salto de Página Bajo treinta, ambas en el 2013. En verano tiene pensando sentarse y ponerse con una novela corta, que esperemos no acabe también en un cajón.

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Modelos animales empieza entrando bien desde la cubierta. Una chica se muerte un dedo hasta hacerlo sangrar, pero no lo aparta de la boca. No hemos abierto el libro y ya nos está diciendo algo de lo que vamos a leer. El común denominador en todos los relatos es la lucha eterna, interna, entre la fiera que llevamos dentro, y en lo que nos hemos convertido por educación, coacción social y normas morales. Los personajes de Aixa son personas que pueden considerarse aparentemente normales, que hacen ‘clic’y se convierten en locos, bárbaros o delincuentes. En realidad, en casi todos los cuentos, el desgarro que sufren los protagonistas, podría pasarnos también a nosotros. No nos equivoquemos, ninguno de los personajes es malo, no hay maldad propiamente dicha en lo que hacen. No debemos confundir la naturaleza de mal con la naturaleza salvaje en la antología de Aixa. Las acciones de los personajes nacen de un impulso más difícil de explicar, porque no terminamos de entenderlo: la crueldad. Crueldad con uno mismo, crueldad con un desconocido, crueldad con un ser querido. ¿Por qué somos crueles? Quién sabe. Los personajes de Modelos animales tampoco lo saben. Se comportan por impulso. La reflexión sobre sus actos es cosa del que lee el cuento, no del que lo vive. Así, nos encontramos con una madre primeriza que, tras un accidente durante la lactancia, alimenta a su bebé con sangre o un hombre que recuerda los abusos de su adolescencia. Todos ellos crueles, todos ellos violentos. Todos ellos animales.

La protagonista del primer relato le hace barbaridades a su gato. Un animal tierno e indefenso versus a una loqui con pretensiones semi científicas que lo va matando a base de experimentos. Aixa me cuenta que, cuando se mudó a Madrid, su gato se tiró de un quinto piso, puede que por cuestiones de karma que ella nunca llegaría a descubrir. Parece que el gato del libro, reencarnado en su gato de verdad, ha vengado las perrerías. Por cierto, sobrevivió a la caída. Le quedan seis vidas.

 

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