Seis poemas de Louise Glück

traducción de Berta García Faet

CEREMONIA

Me dejaron de gustar las alcachofas cuando dejé de comer

mantequilla. El hinojo

nunca me gustó.

 

Una cosa que siempre he odiado

de ti: odio que te niegues

a invitar gente a casa. Flaubert

tenía más amigos y Flaubert

era un ermitaño.

 

Flaubert estaba loco: vivía

con su madre.

 

Vivir contigo es como vivir

en un internado:

pollo los lunes, pescado los martes.

 

Tengo muy buenos amigos.

Tengo amigos

ermitaños.

 

¿Por qué lo llamas rigidez?

¿No puedes llamarlo gusto

por la ceremonia? ¿O es que tu hambre de belleza

se satisface completamente con tu propia persona?

 

Otra cosa: dime otra persona

que no tenga muebles.

Comemos pescado los martes

porque los martes son frescos. Si supiera conducir

comeríamos pescado también otros días.

 

Si estás tan desesperado por encontrar

precedentes, prueba con

Stevens. Stevens

nunca viajaba; eso no significa

que no conociera el placer.

 

El placer, puede, pero no

la alegría. Cuando prepares alcachofas,

hazlas para ti.

 

EL DESEO

¿Te acuerdas de cuando pediste un deseo?

 

Yo pido muchos deseos.

 

Cuando te mentí

sobre lo de la mariposa. Siempre me pregunté

qué pediste.

 

¿Qué crees que pedí yo?

 

No sé. Que volvería,

que al final de alguna manera estaríamos juntos.

 

Pedí lo que siempre pido.

Pedí otro poema.

 

EL DILEMA DE TELÉMACO

Nunca me decido

sobre qué poner

en la tumba de mis padres. Sé

lo que él quiere: él quiere

amado, lo que ciertamente resulta

muy exacto, sobre todo

si contamos a todas esas

mujeres. Pero

eso dejaría a mi madre

en la intemperie. Ella me dice

que en realidad no le importa

lo más mínimo; ella prefiere

ser descrita

por sus logros. No tendría yo mucho

tacto si les recordara

que uno

no honra a sus muertos

perpetuando sus vanidades, sus

auto-proyecciones.

Mi propio criterio me recomienda

exactitud sin

palabrería; son

mis padres y, en consecuencia,

los visualizo juntos,

a veces me inclino por

marido y mujer, a veces por

fuerzas contrarias.

 

PARÁBOLA DE LA BESTIA

El gato circula por la cocina

con el pájaro muerto,

su nueva posesión.

 

Alguien debería debatir sobre

ética con el gato, mientras investiga

el asunto ese del pájaro cojo:

 

en esta casa

no experimentamos

la voluntad así.

 

Dile eso al animal,

sus dientes ya hincados

en la carne de otro animal.

 

PUERTO DEPORTIVO

Mi corazón era un muro de piedra

que tú de todas formas traspasaste.

 

Mi corazón era un jardín isleño

a punto de ser pisoteado por ti.

 

Tú no querías mi corazón;

tú ibas de camino a mi cuerpo.

 

Nada de eso fue mi culpa.

Lo eras todo para mí,

no sólo belleza y dinero.

Cuando hacíamos el amor

el gato se iba a otro cuarto.

 

Entonces me olvidaste.

 

No en vano

las piedras

se estremecían alrededor del jardín enmurallado:

 

no hay nada allí ahora

excepto ese salvajismo que la gente llama naturaleza,

el caos que se hace con todo.

 

Me llevaste a un lugar

donde llegué a ver la maldad en mi carácter

y me dejaste ahí.

 

El gato abandonado

gimotea en el dormitorio vacío.

 

PARÁBOLA DE LOS CISNES

En un pequeño lago fuera

de los mapas del mundo, vivían

dos cisnes. Como cisnes que eran,

pasaban el ochenta por cierto de su día estudiándose

a sí mismos en las aguas atentas y

el veinte por cierto cuidando el uno del

otro. Por lo tanto,

su fama como amantes proviene

principalmente de su narcisismo, lo que deja

muy poco tiempo libre

para ir de crucero. Pero

el destino tenía otros planes: después de diez años, se toparon

con agua enfangada; fuera lo que fuera esa inmundicia, se adhirió

al plumaje del macho, que instantáneamente mutó

a gris; a la vez,

el verdadero propósito del flexible diseño

de su cuello quedó al descubierto. ¡Tanta

actividad en el modesto lago, tanto

que se había perdido! Más tarde o más temprano durante

toda una vida juntos, todas las parejas se enfrentan

con alguna emergencia de este estilo, con algún

drama que acaba

haciendo daño a alguien. Esto

pasa por algo: para poner a prueba

el amor y para exigir

que vuelva a definirse con palabras complicadas.

Así que salió a la luz que el macho y la hembra

tenían ideas diferentes: mientras

el macho creía que el amor

era eso que uno siente en el corazón,

la hembra creía

que el amor era eso que uno hace. Pero esta no es

una historieta sobre la corrupción inherente

del macho, usando como prueba la sórdida definición

de pureza que tenía el cisne. Es

una historia de astucia e inocencia. Durante diez años

la hembra estudió al macho; se entretenía mirando

cómo dormía o cómo era absorbido por el agua

convenientemente,

mientras que el espontáneo macho actuaba

de manera más informal, viviendo

el momento. En el fango

discutieron un rato, bajo la luz del atardecer,

hasta que la discusión se hizo

lentamente más y más abstracta, y se convirtió

en parte de su canción

después de un tiempo.

 

Todos los poemas pertenecen a Meadowland (1996). 

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