Poemas de Sarah Corbett

 

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Sarah Corbett nació en Chester en 1970. Estudió inglés y sociología en la Universidad de Leeds. Realizó un máster en escritura creativa en la Universidad de East Anglia y un doctorado en escritura crítica y creativa en la Universidad de Manchester. En la actualidad es profesora de escritura creativa en la universidad de Lancaster. Ganó un Eric Gregory Award en 1997 y su primer libro The Red Wardrobe se publicó en 1998 y fue finalista del T. S. Eliot Award. A su segundo libro The Witch Bag, 2002, le siguió Other Beasts en 2008. Puedes seguir leyéndola en su blog: https://sarahcorbettpoet.wordpress.com

 

 

 

 

A un nonato

 

Creciste en mi interior

y ahora te adoraré,

si, durante treinta días y treinta noches

esperas, completo,

un poema de amor doblado

entre las hojas de mi libro.

 

Permanece gordo, almacena visiones.

No debes llegar antes de tu hora.

Tu cráneo insiste

donde mi hueso se suaviza

y toco mi dedo con tu dedo

que recorre la manopla interior.

 

Preparo nuestra cama,

algodones satinados para tu piel-tierra.

La casa vaciada

y vuelta a llenar.

La sala de partos cuelga

entre Lavender y Mozart.

 

Extiendes una mano hacia

mis sueños, azul turquesa y palpitante.

Cada dedo cubierto

con una suave uña blanca.

Tecleas en una lengua que leo

con los ojos cerrados.

 

¿Es este un mes lunar

el que robamos? Su disco plateado

se resbala sobre mi lengua.

Estos días siento

la luz atravesar

mi piel recién agrietada.

 

La desenredaré, ahora una madeja

como el cielo recorrido de nubes,

te haré una armadura,

pequeño guerrero. Con esto

puede que te acerques, entres

por la feroz puerta del mundo.

 

de The Witch Bag, Sarah Corbett.

 

 

 

 

 

To An Unborn

 

Yo grew inside me

and now I will worship you,

if, for thirty days and thirty nights

you wait, completed,

a love poem folded

between the leaves of my book.

 

Lay up fat, store visions.

You must not arrive before your time.

Your skull insists

where my bones oftens

and I touch finger to your finger

running the gauntlet inside.

 

I am preparing our bed,

the silken sottons for your eart-skin.

The house is tipped

out and put back again.

The birth room hangs

between Lavender and Mozart.

 

In to my dreaming you extend

a hand, egg blue and pulsing.

Each finger is capped

with a soft white nail.

You tap in a language I read

with my eyes shut.

 

Is this a moon-month

we are stealing? Its silver disk

slips over my tongue.

These days I feel

the light touch through

my new lycracked skin.

 

I will unravelit, now a skein

like the cludrushed sky,

make you an armour,

Little warrior. With this

you may drawnear, enter

the world’s fierce gate.

 

 

*

 

 

 

Aborto

 

En el escáner viste un corazón palpitar

dentro de un rizo de carne nueva.

Vi esa expresión de pelota de vida

como una manzana caída y mordida

ya descomponiéndose entre las hojas.

 

Así había prueba de tu existencia,

creímos inmediatamente que nuestro hijo viviría.

Tuve una semana de dolorosas rosas sangrantes,

prueba de que lo que es cultivado en fe

se convierte en el espacio que deja.

 

Volvimos a esperar al ángel de la muerte.

Vino por la ventana a medianoche,

dejó caer sus alas negras sobre la cama

en que paría. Conocimos la pérdida en ese momento

bajo su puño recubierto.

 

Nos abandonamos a la tristeza,

lo que cargábamos pero no podíamos decir,

a llenar los días con nuestras manos

deambulando a los lugares donde todos los agujeros aparecen

brotando como hongos entre los árboles muertos.

 

de The Witch Bag, Sarah Corbett.

 

 

Miscarriage

 

On the scan you saw a heart beat

within a curl of new flesh.

I saw that couched ball of life

as a wind fallen and bitten Apple

already decaying among the leaves.

 

So you had proof of existence,

believed at onece our child would live.

I had a week bleeding painful roses,

proof that what is grown on faith

becomes the spaice it leaves.

 

We returned to a wait death’s angel.

It came from the window at midnight,

dropped black wings about the bed

where I laboured. We knew that moment’s loss

under its encasing fist.

 

We abandoned each other to sadness,

what we carried and could not speak,

to filling in days with our hands

wondering where al the holes have come from

sprouting like fung among the dead trees.

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