Luz en la habitación I: Miriam Reyes

El cuerpo como estancia. El pensamiento dentro, aire no siempre limpio que nos recorre. Cuando todo parece cerrado y oscuro, alguien prende una luz pequeña que dimensiona carne y palabras. Desde ahí, desde reconocer los instantes que alumbraron, los momentos exactos en que vinieron a decir con la escritura nuevas maneras de mirar el espacio conocido del adentro, esta selección de cinco voces, cinco hogueras.

La poeta Miriam Reyes.

La poeta Miriam Reyes.

 

“Escribo y se encienden las luces, no me importa que lo que iluminen sea duro o doloroso, el tiempo empieza a correr de nuevo y mis músculos se tensan”. Tomo esta frase de una poética publicada por Miriam Reyes (Orense, 1974) en el año 2003. Me sirve hacia la lectura y hacia la escritura: la iluminación de su palabra poética siempre atenta a la carne en su dimensión simbólica pero también en su peso específico como materia. Una palabra clara aunque tenga que decir dolor y que, a lo largo de sus poemarios se va sometiendo a un proceso físico de decantación en el que podemos trazar sin embargo todo un camino desde ese primer Espejo negro que DVD publicó en 2001. Le siguió Bella durmiente (Hiperión, 2004, finalista del premio homónimo) y más tarde, Desalojos (Hiperión, 2008). Estos meses de primavera del año 2015 nos regalan, en Bartleby, su reciente Haz lo que te digo.

Poeta pausada porque su trabajo de taller resulta destacable, no sometido a ningún ritmo que no sea la indagación en la palabra y en el ser-como-cuerpo-situado de su poesía. Poeta consciente de que el verso ha de sostenerse en materia, en sonido, exquisita ejecutora audiovisual de sus propuestas textuales. Poeta con un inicio en el desgarro a pecho abierto que hoy respira y ve brillar en su mano un finísimo escalpelo. Poeta de voz, si es que se me permite la redundancia, que desde el primer instante se ofreció reconocible y ha compartido, libro a libro, un camino personal en el que las relaciones, la incomunicación, la materialidad de la carne, el sexo, la maternidad, la reflexión sobre la condición animal y biológica del ser humano, la autoconciencia del deseo de escribir van marcando hitos y ramificaciones de un proyecto mayor: analizar el lenguaje y los usos que le damos no sacándalo del cuerpo, sino desde el cuerpo. Lenguaje-código hacia el mundo, también hacia el interior. Lenguaje como herramienta posible, entre todas, para la vida.

 

 

POEMAS

 

No soy dueña de nada

mucho menos podría serlo de alguien.

No deberías temer

cuando estrangulo tu sexo,

no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.

 

Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.

Mi casa es este cuerpo que parece una mujer

no necesito más paredes y adentro tengo

mucho espacio:

ese desierto negro que tanto te asusta.

 

Bella durmiente (2004)

 

 

 

¿Vas a enseñarme a vivir?

Te dejaré tocar mi colección de cáscaras

compartiré contigo las uñas que guardo en los bolsillos.

 

Las semillas que nos dieron

son pastillas para dormir

y del ombligo dormidos

nos crecen frutales.

 

Te daré de comer.

Ven.

 

La tierra prometida es cosa de otros.

Para nosotros la arena:

un paisaje que cambia con el viento.

 

Desalojos (2008)

 

 

 

Lo hermoso es esto:

el lugar en el que estoy ahora

las manchas de color caminando tras la arboleda

los cantos graznidos piares

que desconozco pero escucho

un árbol partido por la luz

mitad rosa mitad lila

el saber que si quiero estoy aquí para captar

lo que mis instrumentos me permitan

el movimiento casi imperceptible de las ramas

una tarde tranquila

el espacio

un afuera que entra

y un adentro que sale

el blanco que lo borra todo

o lo desdibuja

o lo enmarca

el frío blanco en la palma que toma

la temperatura de la pared

y lo que queda de cal entre las líneas

de la mano extendida.

 

Haz lo que te digo (2015)

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