Las paredes contiguas V: María Victoria Atencia

 

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No tengo el afán del coleccionista pero sí la mirada fija del biólogo frente al objeto de estudio. Con ojo científico, miro, escruto y palpo sucesiones de cosas. Y van sin orden, son arbitrarias. Es impredecible lo que puede llamarme la atención un día como hoy por ejemplo. Desde luego no todos los objetos; a veces, nada. En la poesía de Atencia siempre descubro ese gusto por lo material y sus posibilidades. Sus poemas son para mí el placer de la vitrina abierta y contienen también una geología propia, se ven las capas que conforman las cosas porque el lenguaje gusta del detalle y gusta de lo real. Siendo muchas veces diminuto, hace falta leerlo con ese ojo científico y atento para que se despliegue con todo lo que contiene. De la relación entre poesía y realidad en Atencia, encuentro un artículo en la red que dice que la presencia de la realidad “punza” a la poeta que es receptora. Siguen sucesiones de citas de unos y otros sobre el nutrirse o no de ese mundo y sus dimensiones (copio abajo la cita y la referencia del artículo). Me quedo no obstante con el verbo “punzar”. El recorrido de nombres de poetas estos cinco días tuvo algo de punzada, recojo la palabra y la miro como un objeto de vitrina. La poesía de Atencia sí punza y sí dialoga con las otras que han ido saliendo aquí, es también para mí muro que contiene, pared contigua, que sujeta y forma parte; de ella sale el título de esta sección, con ella se cierra.

La poesía de María Victoria Atencia nos permite precisar aún más la relación poesía/realidad afirmando que la poeta es Receptora de la realidad, cuya presencia la punza invitándola a indagar su esencia en el poema. Más de un estudioso de la poesía de María Victoria Atencia ha señalado este proceso dialógico entre realidad y poesía. Candelas Newton, por ejemplo, explica: «La palabra o lenguaje de Atencia se abre para enlazar con el referente. Más que poseer al referente en la palabra, el lenguaje atenciano se extiende hacia la cosa invitado por su presencia material».10 Igualmente, Santiago Daydí-Tolson, refiriéndose al libro El mundo de M. V., pone énfasis en la interrelación estrecha: «El libro logra comunicar un sentido de unidad en el que lo concreto específico de la realidad física del entorno niega toda posibilidad de ruptura entre el mundo real y el de la imaginación que se nutre del mismo. Hay una continuidad entre ambos, un entremezclarse».11 Y Biruté Ciplijauskaité observa la misma continuidad al describir poemas como «Muñecas» (Marta & María) que «parten de lo concreto y se abren a una dimensión imaginaria».

 

 

María Victoria Atencia (Málaga, 1931) es Premio Reina Sofía, Nacional de la Crítica, y Real Academia Española, entre otros. Además es miembro de las Reales Academias de Bellas Artes de Málaga, Cádiz, Sevilla, Córdoba y San Fernando, y Honorary Associate de The Hispanic Society of America de Nueva York.

Ha publicado los siguientes libros de poesía: Arte y parte (1961) / Cañada de los Ingleses (1961) /  Marta & María (1976) / Los sueños (1976) / El mundo de M.V.  (1978) / El coleccionista (1979) /  Debida proporción (1981) / Caprichos (1983) / Ex libris (1984) / Compás binario (1984) Paulina o el libro de las aguas (1984)  / De la llama en que arde (1988) / La pared contigua (1989) / Antología poética (Castalia, 1950) / La señal (1990) / La intrusa (1992) / El puente (1992) / Las contemplaciones (1997) / A orillas del Ems (1997) /  Trances de Ntra. Señora (1997) /  El hueco (2003) / De pérdidas y adioses (2005) / Antología poética 1961 – 2005 (2007) / El oro de los tigres (2009) / El umbral (2011) / Ensayo General 1976 – 2010 (2011).

Referencias:

Página web de la autora, con textos y grabaciones de lecturas de poemas.
Artículo de Sharon Keefe sobre la poesía de Atencia.

 

[Selección de poemas]

 

4 DE OCTUBRE

 

Si mi ejercicio fuese deletrear tu nombre

también caminaría –poverella- por los campos cantando,

solar y abierta, hermana de tu goce y el mío,

mínima entre mastranzos y pájaros y arroyos,

libre y sin que me arredre o disponga de mí

-hoy, 4 de octubre del 87-

este viento de otoño que me amarra a la casa.

 

 

LA MARCHA

Éramos gente hechas al don de mansedumbre
y a la vaga memoria de un camino a algún sitio.
Y nadie dio la orden. -Quién sabría su instante.-
Pero todos, a un tiempo y en silencio, dejamos
el cobijo usual, el encendido fuego que al fin se extinguiría,
las herramientas dóciles al uso por las manos,
el cereal crecido, las palabras a medio, el agua derramándose.
No hubo señal alguna. Nos pusimos en pie.
No volvimos el rostro. Emprendimos la marcha.

 

(De la pared contigua)

 

 

ÚLTIMO MOVIMIENTO

 

Mi visitante y huésped preferido

perdido por la sala, mientras

la piel se me declara transparente y absorbe

hasta la última nota, que en otro tiempo supe

ejecutar. En el rincón

un animal se ovilla. El cristal está a punto de quebrarse.

 

 

CASA DEL PUERTO

 

Qué podría ofrecerte sino nada.

Me adentra un signo nuevo

por el lindero azul con su temblor de prez,

y me estremece.

 

Reconozco sus fondos abisales, preservo

su cabellera de algas en mi guardapelo

argentado que la noche embadurna

y clava en él los dientes maltrechos del insomnio.

 

(De El hueco)

 

 

TU NOMBRE

 

Se le oía nombrarte a flor de labio,

balbuciendo con ocasión del sueño y a escondidas,

o a la luz, olvidados los dóciles juguetes de su historia

infantil

y el animal aquel que era suyo y que siempre lo seguía

junto al cauce profundo,

y el mosto adolescente de granadas.

Oscurecido el árbol de la sangre

él proseguía amándote; mi corazón,

a corazón abierto, te amaba crudamente.

 

(De Pérdidas y Adioses)

 

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