Las paredes contiguas IV: Mary Oliver

Fotografía de Rachel Gleese.

Fotografía de Rachel Gleese.

En mi libro de Mary Oliver, New and Selected Poems (Beacon Press, 1992), hay una nota que dice “take care” y una firma, Mollie. No está escrita a mano, está impresa y recortada. El libro era de la abuela de California, Jewell, antes de que ella me lo diese a mí. La nota señala un poema que se llama “Lonely, White Fields”. Debería preguntarme por qué ese poema, y si lo marcó Jewell o no. En parte lo hago pero me llama más la atención que el libro se lo dedique Mary Oliver a Molly Malone Cook, su compañera de vida. La repetición de los nombres me intriga. ¿Conocía Jewell a Molly y le pedía que se cuidara? ¿Era otra Molly? Con los hallazgos, un ramplón sentido común suele llegar como tirano a quien nadie invita: no son ellas, no es nada. En cualquier caso, lo festivo de imaginar la voz de Molly dentro del libro pidiendo a quien lo lea que se cuide me gusta y no abandono la idea de disfrutarlo.

Entre las páginas de New and Selected Poems hay también un trébol de cuatro hojas junto a un poema al que no vuelvo a menudo para que el trébol esté a salvo. El trébol es mío y lo puse ahí después de haber ido al parque natural de Anadel y de haber visto la hierba aplanada por el sueño de los ciervos, después también de haber visto a los mismos ciervos ligeros y saltarines entre los robles. Puse el trébol ahí porque ese día, antes del paseo, Jewell me había regalado el libro, dijo que me iba a gustar, que ella admiraba mucho a Mary Oliver y que solían leerla en la congregación unitarista adonde solía ir. Entré en su lectura por tanto desde algo que entonces me parecía placidez (tal vez por el ciervo, la hierba, las abuelas, las lecturas de los unitaristas). Todo el mundo sabe que tal cosa es falsa o al menos frágil. Las poetas, pienso, las plácidas, ¿qué es eso? Una suavidad con aristas. En todas ellas (también en Glück, García Valdés, Atencia) lo real en sus rugosidades y en su placidez se toca y, desde luego, hay un rechinar y grito en lo contenido como un caminar suave sobre madera vieja que cruje.

Ese crujido tardé un poco en oírlo en Mary Oliver y eso solo demuestra mi obstinación. Era una lectura de bosque y de ciervos dormidos. Mis lecturas nunca son lineales, también yo voy como la cierva al trote entre los poemas, husmeando, buscando, pisoteando hierba. Así que cuando un día, en ese trote, me paré a leer “Rage” y “A Visitor”, vi también más clara la inminencia del peligro que está en otros poemas como “Entering the Kingdom”. Tener el tacto del mundo natural así y ver su dificultad más de cerca es ¿por qué no? como la “miel negra” de “August”: densa, opaca, dulce.

De esa carnosidad también está hecho el poema que según Oliver ha de leerse y oírse (aunque ella casi no dé lecturas ni entrevistas, ni se identifique con ser poeta): Cita a Donald Hall y dice que “el poema tiene dos vidas—está lo que tú afirmas y está el cuerpo sensual del poema. Las palabras que usas, la estructura, la maquetación… Eso me fascina.” La pulsión entre la contención y el enfado, la vista admirada y el miedo, tiene que ver también con lo sensual. Mary Oliver insiste en que prefiere favorecer lo primero (la admiración) frente a lo segundo (el miedo, el enfado), la poesía, dice, no es el espacio de la terapia aunque reconoce que en Dream Work (1986) y también ahora lo autobiográfico y algunos de estos elementos entran en el poema y este se desboca, es más libre. Leyendo estos días Of Woman Born de Adrienne Rich no puedo evitar encontrar ecos de esto, algo sobre lo que me interrogo. El primero capítulo “Anger and tenderness” empieza con esa ambivalencia tan simple, y por eso precisamente creo que es sublime. Qué lucha la del “carácter”, el “enfado” el no amar todo el tiempo. Rich lo dice muy bien porque se busca, se justifica, habla de cuando no podía hablar y no lo hacía porque aún no era tiempo, porque aún no había pacificado esa imagen. Queda claro que no es cómoda, en la maternidad de la que habla Rich, colocar la voz de la rabia sin estruendo y que tampoco lo es para Oliver situarla en la poesía, darle sentido y forma. Pero ambas consiguen hacerlo en modulaciones distintas y dejarla salir. Ante lo calmado de la naturaleza y sus sosiegos, salta la chispa de la rabia y no tiene nada de dócil, es un rastro de ser salvaje y herido, bello.

 

Referencias:

Entrevista con Mary Oliver.

Mary Oliver recita “Wild Geese” y otros poemas.

Tres poemas traducidos por Sara Torres para Kokoro.

 

 

[Selección de poemas]

 

Agosto

 

Cuando las moras cuelgan

rebosantes en el bosque, en la maleza

de nadie, paso

 

todo el día entre las ramas

altas, extendiendo

los brazos arañados, pensando

 

en nada, embutiéndome

la miel negra del verano

en la boca; todo el día mi cuerpo

 

acepta lo que es. En los ríos

oscuros que por aquí corren está

esta zarpa ancha de mi vida que sale disparada entre

 

las campanillas negras, las hojas; está

esta lengua feliz.

 

(De American Primitive)

 

 

August

 

When the blackberries hang

swollen in the woods, in the brambles

nobody owns, I spend

 

all day among the high

branches, reaching

my ripped arms, thinking

 

of nothing, cramming

the black honey of summer

into my mouth; all day my body

 

accepts what it is. In the dark

creeks that run by there is

this thick paw of my life darting among

 

the black bells, the leaves; there is

this happy tongue.

 

 

 

Entrando en el reino

 

Los cuervos me ven.

Estiran el cuello brillante

En las ramas más altas. Soy

peligrosa, posiblemente. Estoy

entrando en el reino.

 

El sueño de mi vida

es tumbarme junto a un río lento

y contemplar la luz en los árboles–

Para aprender algo acerca de no ser nada

solo un rato pero qué suculento

el punto de mira.

 

Pero los cuervos ahuecan las plumas y gritan

entre el sol y yo,

Y ahora tendría que irme.

Me conocen por lo que soy.

No una soñadora,

no una comedora de hojas

 

(De Twelve Moons)

 

 

 

Entering the Kingdom

 

The crows see me.

They strech their glossy necks

In the tallest branches

Of green trees. I am

possibly dangerous, I am

Entering the kingdom.

 

The dream of my life

Is to lie down by a slow river

And stare at the light in the trees–

To learn something by being nothing

A little while but the rich

Lens of attention.

 

But the crows puff their feathers and cry

Between me and the sun,

And I should go now.

They know me for what I am.

No dreamer,

No eater of leaves.

 

 

Gansos Salvajes

 

No tienes que ser buena.

No tienes que caminar de rodillas

cien kilómetros a través del desierto, arrepintiéndote.

Sólo tienes que dejar que el animal suave de tu cuerpo

ame lo que ama.

Háblame de desesperanza, la tuya, y yo te contaré la mía.

Mientras tanto el mundo continúa.

Mientras tanto el sol y los guijarros claros de la lluvia

avanzan a través de los paisajes,

sobre praderas y árboles profundos,

las montañas y los ríos.

Mientras tanto los gansos salvajes, altos en el aire limpio y azul,

se dirigen nuevamente a casa.

Quienquiera que seas, no importa cuán solitaria,

el mundo se ofrece a tu imaginación,

te llama como los gansos salvajes, duros y apasionantes–

una y otra vez anunciando tu lugar

en la familia de las cosas.

 

(De Dream Work, traducido por Sara Torres)

 

 

Wild Geese

 

You do not have to be good.

You do not have to walk on your knees

for a hundred miles through the desert, repenting.

You only have to let the soft animal of your body

love what it loves.

Tell me about despair, yours, and I will tell you mine.

Meanwhile the world goes on.

Meanwhile the sun and the clear pebbles of the rain

are moving across the landscapes,

over the prairies and the deep trees,

the mountains and the rivers.

Meanwhile the wild geese, high in the clean blue air,

are heading home again.

Whoever you are, no matter how lonely,

the world offers itself to your imagination,

calls to you like the wild geese, harsh and exciting-

over and over announcing your place

in the family of things.

 

 

Rabia

 

Eres la canción oscura

de la mañana;

serio y despacio,

te afeitas, te vistes,

bajas las escaleras

en tu ropa de salir a la calle

te vas en coche, y te conviertes

en el sabio y poderoso

que hace todos los días

posibles en el mundo.

Pero eres también la canción roja

por la noche,

tropezando a través de la casa

hasta la cama de la niña,

hasta la rosa húmeda de su cuerpo,

dejando tu sabor amargo.

Y para siempre esas noches gruñen

la delicada maquinaria de los días.

Cuando la madre de la niña sonríe

ves en sus pómulos

una verdad que nunca vas a confesar;

y ves cómo la niña crece—

tímidamente, agachándose por las esquinas.

A veces en la noche amplia

oyes el grito más lastimero,

un momento sobrecogedor y terrible.

En tus sueños ella es un árbol

que nunca va a brotar—

en tus sueños ella es un reloj

que dejaste caer en las piedras oscuras

hasta que nadie pudiese unir las piezas—

en tus sueños has mancillado y asesinado

y los sueños no mienten.

 

(De Dream Work)

 

 

 

 

Rage

You are the dark song

of the morning;

serious and slow,

you shave, you dress,

you descend the stairs

in your public clothes

and drive away, you become

the wise and powerful one

who makes all the days

possible in the world.

But you were also the red song

in the night,

stumbling through the house

to the child’s bed,

to the damp rose of her body,

leaving your bitter taste.

And forever those nights snarl

the delicate machinery of the days.

When the child’s mother smiles

you see on her cheekbones

a truth you will never confess;

and you see how the child grows–

timidly, crouching in corners.

Sometimes in the wide night

you hear the most mournful cry,

a ravished and terrible moment.

In your dreams she’s a tree

that will never come to leaf–

in your dreams she’s a watch

you dropped on the dark stones

till no one could gather the fragments–

in your dreams you have sullied and murdered,

and dreams do not lie.

 

 

 

 

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