Diario de los líquidos amnióticos V

 

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Un poema tonto y rojo 

 

Quiero estar atada constantemente a un suero

transparente, que me tenga sujeta a una cama

desde la que no tenga que moverme

cada diez minutos para beber agua.

Quiero estar constantemente cerca del retrete,

para poder vaciar mi vejiga cada veinte minutos

y por las noches, después de las cenas pesadas,

poder vomitar tranquilamente.

Quiero sexo no penetracional y muy muy húmedo,

quiero mandar a la mierda el trabajo

y la escuela y todos sus adolescentes

y todas las lenguas del mundo

y sus indicativos y sus subjuntivos

[aunque -lo juro- nunca jamás sus poemas].

Quiero beber vino blanco y hartarme de ostras

y quesos no pasteurizados y llenos de listeriosis en potencia

-¡oh roquefort, camembert y quesos de cabra!-

quiero comer jamón serrano y beber vino tinto,

quiero morcilla, sobrasada, salmón ahumado

y un gigantesco steak tartar con huevo crudo.

Quiero sexo no penetracional y muy muy húmedo,

cuatro horas en la cama y echarle de menos,

maravillarme ante estos senos nuevos

y observar, desde fuera, la dureza y las contracciones

de este, mi nuevo y habitado útero.

Pero sobre todo

quiero dejar de soñar con manchas de sangre rojas

que se agrandan y se agrandan y se agrandan

hasta borrarlo todo.

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