Poemas de María Sotomayor

 

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Nos cruza una niña jugando

lleva el pelo recogido en forma de llave

y un lluvia pálida en cada mano

parece hambrienta

siempre ansiosa por estar adentro

 

antigua

desnucada

algo resbaladiza

 

la arena entonces en sus pies

y lo lento del girar en el sentido de las manos

con sus golpes, sus rodillas violetas

me pregunto

si su ombligo tiene forma de paloma

la invisible cicatriz umbilical

dentro de una cáscara de rosa

 

escribo sobre sus pies torcidos

su labio rojo tan lejos, tan lejos

de los tobillos huérfanos de charcos

del significado de lo puro cuando encaja

convirtiendo a los árboles

en animales heridos junto a la carretera

y los juegos infantiles son bombillas rotas de la tarde

tal vez la infancia sea un hilo en el suspiro del viento

 

*

 

No tiene prisa, olvida un zapato

pero no el sabor verdadero de los grifos

los hijos pasan silbando blancos por los caminos

y ella detrás del visillo deja correr la lluvia en sus dedos

 

se ha separado el pelo

y cose un jarrón milenario dentro de las azucenas

también afuera una cierva con el vientre hinchado

ha llegado hasta tu puerta

con un corazón de hombre en la boca

 

por qué ya no os conmueven los partos de los animales

por qué

 

el tiempo sería más lento en los ojos

si aprendiéramos a alimentarnos del goteo de leche

de las cicatrices redondas de los cuerpos

del ritual anémico de lo salvaje sobre la vida

 

*

 

He despertado en medio de un puente gris

soplando pequeños pasos

como insectos torpes que saltan

y saltan y remueven sus patitas

en mi carne abierta en mi carne blanda

una luz

naranja

de tarde

se derrama

por la garganta

y lo cubre todo de tierra brillante, incluso la cintura

 

allí dentro estoy a salvo porque el silencio avanza

y no lo he dicho aún, pero mi pena es redonda y roja

con el mismo aspecto de la tripa de mi madre

cuando ella no era mi madre y yo aún no era yo

tan sólo éramos hambre

entonces

tan chiquita era

que no podía llorar

después me soltó la mano

y las hijas dejaron de hacer pie en las bolsas

para quedarse dormidas dentro de una trapo azul

en el cielo de los niños

en las casas furiosamente extrañas

 

*

 

Si toda la luz se quedara quieta

contemplando las manos sacudirse

motitas de polvo alrededor de las farolas

y yo sintiera que me estaba enfermando

no pararía de acariciar el pequeño diente

que me empezó a crecer dentro del cráneo

en lo liviano de mi condición de mujer hacia dentro

 

más tarde

más tarde aún de encaminar mis pies por las aldeas

de bajar feliz de la cama y bautizar a mis doce hijos

más tarde aún de estar siempre del lado de las tormentas

pero en distintos lugares                     lo supe

 

hay que seguir tragando flores con los ojos muy abiertos

para seguir oliendo bien por dentro

 

así que detrás de todos mis intentos de llorar pétalos

sólo me quedó ponerte a navegar en lo hueco de los tallos

por los ríos, por las rayas lisas y pequeñas de tus manos

por la nostalgia luz barullo de los naranjos

 

y no hizo falta estar limpia para arrastrarse

cuando el gallo cantó su dibujo infantil

contra tu primer llanto blanco de animal sin amo

 

*

 

Una vez a mis cinco años tuve una hija

no pude llorar lo puro de su carne

la mancha cobalto que dejó en la tierra

 

la parí a escondidas debajo de un árbol

y no encontré señal alguna de los lobos

más tarde fui la madre de una cierva

y también gorrión dentro de una rosa

clavada en el dobladillo de un vestido blanco

 

la primera sangre tuvo aspecto de miel púrpura

me hizo nudo y sonrojo las mejillas

despeinada de cintura para abajo

 

después, la cierva murió tatuada en la ternura

en un pedazo de cielo inmenso que nos hizo sombra

la mañana que nosotras también quisimos el amor

más allá del hambre, de la tripa limpia de los hombres únicos

 

*

 

Tenías una belleza tan líquida colgando del labio

que hubo un tiempo que olvidé cómo nombrarte

más tarde el puño sobre la mesa

y quedarte tan flaca después del nacimiento

en los objetos punzantes que han llenado tu cabeza

la casa tan vacía

el grito tan alto

que no te reconoces

en el olor de la cocina sucia después de los adultos

de la ceremonia salvaje de ser dorada

 

ningún espejo va a devolverte tu imagen de cierva

como ningún hombre te va a volver a llenar el vientre

estás seca, te doblas como un junco

y su pequeño corazón se derrama

en tu belleza tan líquida

colgando del labio

en algún lugar de una niña

que hace una acrobacia en la ventana

y lo pone todo perdido de cabellos

sonando a barro en los ríos

en la vida entera

 

 

 


María Sotomayor (Madrid, 1982). Poemas suyos han sido traducidos al portugués y publicados en diversos formatos digitales como: Letralia, Ácracia pour les porcs, Inspirulina o Permítanme ser hombre, entre otros. Ha participado en varios fanzines, como el nº1 de Aerostático Grotesto (ediciones Aerostáticas). O en los libros digitales de Dara Scully “Tus ramas/mis huesos” o “Dientes de leche”. Publicó su primer poemario en 2013 “Estoy gritando, me conocí de esa manera” (Canalla ediciones) y en unos meses publicará el que será su segundo libro “Nieve Islandia”. En la actualidad compagina su trabajo de interiorista con la publicación de libros de otros autores en la editorial Harpo libros, dice que así hace de sus miedos un lugar más habitable. Se la puede leer en su blog : “Cartas desde Reykjavik” (mariasotomayor.blogspot.com.es).

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