Belén Gopegui: Encender la chispa

 

La novelista Belén Gopegui ha pasado dos días en Valencia. En apenas unas horas ha tenido tiempo para reunirse en con el Seminario de Mujeres Grandes (una asociación-escuela que trabajan para desarrollar una sociedad más avanzada) impartiendo una charla que versaba a propósito de los “Deseos de ser: los personajes jóvenes en mi narrativa”. También ha visitado a los alumnos de Filología de la Universitat de València y, por último, ha estado presente en el curso de imaginación política “Lo que (nos) está pasando. Imaginarios políticos en la narrativa actual”, organizado por la Asociación COS y en el que también participarán en los próximos meses Elvira Navarro, Marta Sanz y Eva Fernández. Esta es la breve crónica del paso de Belén Gopegui por la capital valenciana.

 

 

 

Fotografía de José Molins.

Fotografía de José Molins.

 

 

LA VEROSIMILITUD COMO PROPUESTA NARRATIVA

Belén Gopegui parece tener una temperatura diferente a la del resto. Irradia una luz que arroja ciertos destellos conforme avanza por el pasillo del Espai Cultural de la Facultad de Filología de la Universitat de València. Decenas de alumnos esperan su llegada. Gopegui es para ellos, no sólo una novelista y ensayista a la que admirar y leer, también -y esencialmente- es una intelectual que combate al sistema con la palabra.

La obra de Gopegui tiene la específica capacidad de encender la chispa, de inaugurar lucideces. El profesor Jaume Peris presenta a la autora y confiesa cierto nerviosismo por su presencia. Peris sostiene que las novelas de Gopegui se erigen como relatos constituyentes de una comunidad que está emergiendo. Relatos primordiales en un sistema en el que constatamos una cierta orfandad de los mismos.

La verosimilitud es uno de los pivotes alrededor del cual gira toda la escritura de Gopegui. Una joven afirma que este concepto opera en las novelas de la autora como propuesta narrativa. Belén asiente. El otro asunto esencial de su obra es el debate en torno al capitalismo. Gopegui pone en relato aquella lógica del capitalismo que afecta a nuestra vida y que en las novelas dominantes no aparece representada: “Sus novelas participan fundamentalmente de un proceso de desnaturalización del capitalismo”, afirma Peris.

La charla avanza y se advierte con asombro que los alumnos allí congregados deben de ser los más ilustres de su promoción. De otro modo, no se entiende que formulen cuestiones más agudas que las de algunos periodistas y viertan reflexiones más hondas que las de ciertos críticos literarios.

–        Yo creo que el proyecto narrativo de Gopegui, sobre todo de los últimos diez años –El padre de Blancanieves (2007), Deseo de ser punk (2009), Acceso no autorizado (2011), El comité de la noche (2014)- está atravesado por el gesto singular de poner en relato una acción revolucionaria.

Jaume Peris termina de este modo su alocución para lanzar una última pregunta que deja temblando al auditorio:

–        ¿Cómo se representa en la literatura una acción colectiva victoriosa?

Gopegui toma finalmente la palabra y cita a tres autores como declaración de intenciones (Brecht, Sánchez Ferlosio y Bernard Williams), para después sostener que la ambigüedad en literatura no es un valor a defender. Más bien se sitúa cerca de otro concepto menos disculpable: la cobardía. La autora cree firmemente que es necesario proponer una respuesta aunque esta no siempre funcione. Los alumnos asienten, murmuran entre ellos, apuntan en sus cuadernos. Gopegui lo ha conseguido: ha encendido la chispa.

Fotografía de José Molins.

Fotografía de José Molins.

 

 

GESTOS DE RESISTENCIA

 

El libro que se analiza en la sesión vespertina organizada por la Asociación COS es El comité de la noche, la última obra de Belén Gopegui publicada en 2014. Un grupo de treinta personas forma un círculo perfecto que arropa a la escritora en esta desvencijada casa instalada en una de las barriadas más singulares de la capital valenciana. El Cabanyal es probablemente un barrio-símbolo; el lugar donde más se ha combatido por rechazar a un capitalismo salvaje refrendado por unos políticos que durante más de veinte años han saqueado los bolsillos y las almas de los valencianos.

Gopegui parece cansada. Da la sensación de ser una mujer frágil que contiene revoluciones. Pide en diversas ocasiones que bajen las persianas. La luz le incomoda. Curiosamente, en ese momento, aflora en el debate una novela de Isaac Rosa que rima, de algún modo, con lo que ahora sucede: La habitación oscura. Si en la novela de Rosa, la acción colectiva supone un cierto fracaso, en la de Gopegui se constata un triunfo evidente.

–        ¿Y si el triunfo no fuera la meta sino el proceso de esa acción?, pregunta alguien.

–        ¿Es lo mismo el fracaso y la derrota?, apunta otra voz.

–        ¿Hay que hacer algo sabiendo que vas a perder?, remata un tercero.

Belén escucha y apunta con su bolígrafo amarillo las reflexiones que su obra suscita. Deja hablar a sus lectores. Parece que prefiriera estar allí como testigo, sin apenas pronunciar palabra. Invisible. Pero claro, todos aquí hemos venido a escuchar su voz pequeña:

–        Yo creo que el fracaso y la derrota no es lo mismo. Un fracaso puede tener cierto sentido, la derrota es más difícil de medir y suele ser más contundente. Desde mi novela Lo real, se me reclama: ‘¿Por qué no terminas con un final feliz?’. Yo no quiero contar un cuento de hadas, pero ciertamente he ido empujando el límite de la verosimilitud sin saltármelo. Por eso, en El comité de la noche, hice una doble apuesta: que exista una acción colectiva victoriosa, pero que al mismo tiempo, que no se esconda la resistencia.

Precisamente del glamour del fracaso huye la autora. ¿Por qué la literatura ha querido dotar de una cierta aura seductora a los personajes fracasados? En El comité de la noche, por ejemplo, Gopegui presenta a un escritor fuera de los circuitos de la farándula literaria. Huye de la idea del escritor literario (confiesa un cierto desdén hacia las novelas metaliterarias), para abrazar la idea de un escritor asalariado, casi precario.

A pesar de no secundar ni practicar la metaliteratura, Gopegui sí reflexiona a propósito de las voces que habitan en el relato: ¿para quién habla el narrador? ¿por qué se emplea la tercera persona en tan pocas ocasiones? ¿dónde invierte el escritor su capital simbólico?

–        El libro debe dejar claro para quién habla y qué voz utiliza. Yo siempre he tenido mucho miedo de impostar la voz de otros y de utilizar la tercera persona porque todo el tiempo el lector puede preguntarse quién es esa persona, por qué sabe tanto, quién tiene esa legitimidad para hablar de ese modo. Finalmente, lo que un autor se juega siempre es dónde vuelca su capital simbólico. Yo intento invertirlo en un lugar en el que creo.

Gopegui combate de un modo sereno -pero también feroz- contra la ridiculización del lenguaje no sexista. En diversos pasajes de El comité de la noche, la autora emplea la duplicación de género e incluso llega a emplear un plural femenino (“las madres” para referirse al padre y a la madre). Se trata de uno de los gestos de resistencia que operan en el lenguaje de las novelas de Gopegui, que dejan un espacio para la imaginación donde se visibilice a las mujeres. En sus novelas hay riesgo, posicionamiento y compromiso.

 

 

Fotografía de José Molins.

Fotografía de José Molins.

Fotografías de José Molins.

 

 

 

¿PARA QUÉ SIRVE LA LITERATURA?

 

Durante la charla emerge uno de los asuntos alrededor del cual se han vertido litros de tinta a lo largo de los años: ¿cuáles son los verdaderos usos de la literatura? Los participantes apuntan dos primordialmente: la literatura sirve para soportar la realidad pero también para darnos cuenta que la realidad es insoportable y, por tanto, algo hay que hacer con ella. Dicho de otro modo: la literatura como evasión y la literatura como acción. Sin duda, Gopegui milita en esta última vía: literatura que movilice, que modifique pensamientos, que despierte el dolor de la lucidez. Todavía queda mucho camino por transitar, muchos procesos que revertir, mucha literatura por escribir, pero como Belén Gopegui remata al final de su estancia valenciana: “La revolución nos tiene que pillar trabajando”.

DAY3 012

Fotografías de José Molins.

Fotografías de José Molins.

 

 

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