Yo también me acuerdo

 

Me acuerdo que hasta los treinta años creí que era fea y tonta.

Me acuerdo que sólo tuve una muñeca en mi infancia, a lo mejor es un recuerdo falso.

Me acuerdo de cuando era niña: en el Valle de México aún había lagos: Texcoco, Chalco, Xochimilco.

Me acuerdo de mi padre, usaba sombreros Tardán y una barba al estilo de la de Trotski.

Me acuerdo que los lagos de Chalco, Zumpango, Cuautitlán y Texcoco se han desecado.

Me acuerdo que la labor de desecación empezó en la Colonia. 

Me acuerdo que mi papá tenía una colección de pipas.

Me acuerdo que nací un 28 de enero de 1930.

Me acuerdo que un 28 de enero de 1939, Virginia Woolf visitó a Sigmund Freud, recién llegado a Inglaterra, perseguido por los nazis.

Me acuerdo que cuando tenía diez años paseaba con mi padre y la gente decía: allí va Trotski con su hija. 

Me acuerdo que alguna vez mi padre fue dentista.

Me acuerdo que cuando usaba zapatos negros de charol y tobilleras blancas con un filio encarnado.

Me acuerdo que en los Estados Unidos no se puede fumar, pero sí portar armas. 

Me acuerdo que en 1939 los camisas doradas, seguidores de Hitler, intentaron linchar a mi padre.

Me acuerdo que en 1940 asesinaron a Trotski.

Me acuerdo que cuando en 1954 llegué por primera vez a Istambul, la legendaria Constantinopla, tuve la sensación de no haber salido de la Ciudad de México y de recorrer incesantemente calles idénticas a las de un barrio popular, la Lagunilla.

Me acuerdo que en el círculo de amigos de Joseph Conrad se decía que su mujer Jessie era gorda, mecanógrafa y cocinera. Sus memorias demuestran que era algo más.

Me acuerdo que por ser una niña judía nunca me trajeron regalos de Reyes.

Me acuerdo de cómo lloré cuando vi Lo que el viento se llevó.

Me acuerdo que me gustaban y aún me gustan los colibríes.

Me acuerdo de los colibríes, que con las plumas de su cola componen canciones de amor.

Me acuerdo que cuando tenía dieciocho años viajé a Dallas con mi madre en épocas de intenso calor.

Me acuerdo que en ese viaje admiré la elegancia de las mujeres de esa ciudad, con sus grandes sombreros, sus altos tacones y sus vestidos de algodón.

Me acuerdo que últimamente en México hace más frío que en Nueva York, sobre todo en las casas.

Me acuerdo que cuando tenía quince años leí sucesivamente Palmeras salvajes de Faulkner, Crimen y castigo de Dostoievski y Madame Bovary de Flaubert.

Me acuerdo que no he podido volver a leer algunos de esos libros: no soporto su final infeliz.

Me acuerdo que me es imposible volver a leer cómo se suicida Madame Bovary.

Me acuerdo sin embargo que a Emma no le gustaba dormir con sus esposo Carlos porque tenía los pies helados.

Me acuerdo de cuando todavía se podía pasear a altas horas de la noche en mi ciudad.

Me acuerdo que cuando era niña vivíamos en un callejoncito en el pueblo de Tacuba, no teníamos agua, se la comprábamos a un aguador, pasaba todos los días cargándola en dos cubetas como hasta hace poco en China.

Me acuerdo que como no teníamos agua íbamos todos los sábados a los baños públicos, como algunos de los personajes de Simenon.

Me acuerdo que en Atlixco a los baños públicos se les llamaba Placeres. 

Me acuerdo también que una vez vivimos en Popotla, frente al Árbol de la Noche Triste, donde Cortés lloró su derrota. 

Me acuerdo que ya no existe el Árbol de la Noche Triste, le cayó un rayo y se calcinó.

Me acuerdo que hace mucho tiempo hicieron obras en el atrio del convento de Popotla, encontraron objetos prehispánicos y dos cráneos, el de una jovencita y el de un hombre ya entrado en años.

Me acuerdo que mi padre estudiaba entonces en la escuela de Antropología, recogió los vestigios y los colocó a ambos lados de la escalera de mi casa.

Me acuerdo del miedo que me daba subir por esas escaleras rematadas por dos calaveras. 

Me acuerdo del temblor de 1985 en la Ciudad de México. Pasé por una calle llena de escombros: un letrero prohibía tirar guijarros.

Me acuerdo de que me gusta mucho la palabra procrastinación, actividad en la cual descuello.

Me acuerdo que mis padres me registraron diez años después de que nací, ejemplo de procrastinación postnatal que me ha causado muchos problemas.

Me acuerdo que lo que pasa en México es incomprensible, si se consultan los periódicos cada uno da una versión distinta de lo que está sucediendo.

Me acuerdo que la muerte es permanente, como decía Rulfo.

 

Fragmentos de Yo también me acuerdo de Margo Glantz editado en Sexto Piso, 2014.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *