Parece que hay un incendio: “Es real: De Vigan”.

 

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En Basada en hechos reales, el personaje llamado Delphine de Vigan recibe unas cartas anónimas, escritas en tono amenazante. Aparentemente se trata de una persona cercana, furiosa por la exposición de los secretos familiares que ha llevado a cabo De Vigan en un libro previo, Nada se opone a la noche. No sé si hace falta decir que al personaje Delphine de Vigan lo ha creado la escritora Delphine de Vigan y que Nada se opone a la noche es el libro que la auténtica De Vigan, la francesa que existe en algún lugar de Francia —cuando hablamos de franceses es importante mencionar que son franceses, es como incluir el logo del Ministerio de Cultura de Francia, que seguro que tiene alguna responsabilidad en el hecho de que todo esto haya sido posible, escribir, publicar y obtener visibilidad y reconocimiento y todo eso— escribió hace unos años, sobre su difícil y hermosa madre.

Bien, pues yo quiero sumarme al tono sibilino de esas cartas anónimas, quiero susurrar desde la sombra a De Vigan, la autora, el personaje, que en Basada en hechos reales vienen a fundirse muy premeditadamente, y decirle, como si de una carta anónima se tratase:

“Delphine, Delphine, qué lista eres. Te has salido con la tuya. No sé cómo consigues provocar estos estados contradictorios de forma simultánea:  sabes confesarte a pecho descubierto, sabes dudar y ser frágil (sé que no lo finges, creo en la debilidad que compartes), pero también sabes darnos a todos en los morros y construir, muy segura de ti misma, a tu ritmo, un thriller, una película de después de comer en Antena 3. No he olvidado a Kathy Bates en Misery (y sé que quieres que no la olvide porque citas a Stephen King varias veces, a modo de preludio de las distintas partes). Tampoco olvidaré a L, a pesar de que muchas veces no me la creo (o no me creo que tú, perdón, el personaje llamado Delphine de Vigan, pudieras dejarte hipnotizar por alguien como ella). Y lo curioso es que pienso que tú has querido provocar este efecto en mí. Pura ambigüedad, este libro tuyo. Creo que estás jugando con recursos “baratos”, y con baratos simplemente quiero decir fáciles de encontrar; la casa en la montaña, la admiradora solícita tan Eva al desnudo, la pierna rota tan Misery. Creo que el sentido del humor y una cierta deliciosa venganza te han guiado a la hora de componer Basada en hechos reales. No hay más que ver cómo insistes en diseccionar las acciones promocionales que suceden a la publicación de un libro exitoso, y cómo en todos estos encuentros, coloquios, firmas, los lectores que se acercan a ti nos retorcemos ansiosos por tocar un poquito más de realidad, un poquito más de biografía, un poquito más de crudeza. Quizá la irrupción del sushi en nuestras costumbres gastronómicas tenga algo que ver en la vehemencia con que demandamos confesiones. Lo digo por jugar, claro; no me cabe duda de que no ha sido el sushi sino las redes sociales las que nos han arrastrado hasta aquí; y lo digo desde la resignación, no me lamento. Pero tú sí; tú, un poco, un poco te lamentas, aunque desde luego te ríes. Basada en hechos reales: el propio título es un tajo de pescado fresco que nos tiras, como llamándonos animales, elementales, conmovedores en nuestra sencillez. “¿No queréis melodrama biográfico? Pues aquí tenéis 342 páginas”. Si hasta el [atención, spoiler] asterisco final suena a música de thriller psicológico: parece que en la última página los títulos de crédito van a deslizarse y ascender hasta desaparecer por el marco de la pantalla, perdón, de la página. Si me he enterado de que Roman Polanski está preparando la adaptación del libro, y que Emmanuelle Seigner hará de ti (perdón, del personaje llamado Delphine de Vigan), y Eva Green (que no sabía quién era, pero lo he mirado en google y comprendo que su aire de virgen gótica puede llegar a dar bastante yuyu) será la piel de L., esa piel descrita como perfecta, sedosa, bien perfumada, bien vestida, lo justo, que sutilmente transpira dinero, con discreción. Esa es la L. inverosímil que precisamente por su extrañeza invade como una pesadilla. No niego que pensé también en los hechos reales de la asesina Angie, que suplantó la identidad de una amiga suya hasta liquidarla fríamente en un escenario cuidadosamente preparado, Barcelona, 2008. ¿Lo ves, De Vigan? Me has hecho pensar en crónica social, en crímenes tristemente célebres, yo que no relacionaba las cubiertas amarillas de Anagrama, tan prestigiosas ellas, con programas televisivos de viernes noche. Por todo ello me caes bien; es más, te quiero, como Annie Wilkes quiere a Paul Sheldon en Misery, de una forma un poco angustiante. Pero a diferencia de ellos,«confío en ti».

Creo en la inteligencia de tu juego, y en que estás dispuesta a poner en suspenso tu inteligencia y la mía, y eso me parece una gran prueba de amor.

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