Adriana Hernández Planillas, 18 años. Artista y estudiante de Derecho.

Clara Campoamor en el Congreso.  

Clara Campoamor en el Congreso.  

On ne nait pas femme, on le devient.

— Simone de Beauvoir

Porque no veía barreras entre la vida y la literatura”Empiezo recogiendo esta frase de Carmen Martín Gaite porque me brinda mi propio pensamiento. Porque me mece y me guarece en mi creencia y en mi amor por la Literatura. Ella me da vida y sin ella la vida sería tristeza. Tiene poder y belleza, al igual que la mujer. Esa mujer que se siente mujer, más allá del cuerpo, en el más íntimo pensamiento de luchar por lo que no fue. Y quiere que sea, en el hoy.

 La mujer es poesía. En eso se resume la mayoría de lo que puedo pensar sobre las mujeres que siéndolo, se lo creen, luchan y no acatan injusticias, que se cuestionan su lugar en el mundo, el fracaso de luchas que merecieron ganar.

Pero no lo consiguieron en su mayoría, en un pasado donde mujeres se han disfrazado de hombres para ir al Congreso o donde una Caterina Albert se puso galas de Victor Català.

Mi madre recibió por su cumpleaños un poema mío que empezaba así: “tú y yo/ teatros de luz// tú y yo/ destellos de luna”. En él no sólo reflejé que es para mí mi madre sino la mujer. Fue un poema de mujer a mujer, inspirado por la fuerza y la grandeza de la mujer.

Y, precisamente, esto último me trae de la mano una imagen reciente, de Clara Campoamor en el Congreso, luchando, voz viva, por el sufragio femenino. Su perseverancia, el tiempo invertido en ella me causa muchísima alegría.

Ella lo hizo por nosotras, las mujeres, por tener palabra a día de hoy –consiguió el sufragio femenino en 1933-. Ella fue una de tantas mujeres que defendían ser lo que eran y no renegaron de ello por verse limitadas en sus derechos. Lucharon con unos antecedentes sobre la igualdad, borrados y llenos de obstáculos.

 Como siempre sucede, hay grandes testimonios que naufragan sin salir a la luz y dar a conocer en la historia, la suya propia. Hemos de seguir apostando por la mujer. Por la igualdad. Aún hay mucho camino por andar.

Que grande la mujer que llena de espinas se alza a coger la rosa, que llena de tristeza, sabe sonreír y ponerle humor a los días, mientras las sombras la invaden y la diferencia le sacude el espejo en el que se mira cada mañana.

 Que sus ojos se iluminen al ver creencias antiguas hundirse en el barro del progreso. Edificio puro y resistente a tormentas, los habiten.

Necesito y quiero captar en mis líneas –como proyecto de escritora que soy- mi visión de la vida y sobre todo y para siempre la visión de la mujer, que ya vive en mí. Porque la amo y la amaré con la fuerza que se le ha quitado durante tanto tiempo.

Se abrirán las alas en tu caminar, mujer/ ya está bien de tanto andar// tú que guardas en tus manos/ lucha y felicidad.

¡Que se apague la esperanza, convirtiéndose en la luz de una realidad!

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