Entrevista: Mar Gómez Glez

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Fotografía de Alberto Bernal.

 

 

Las apasionantes historias que construye Mar Gómez Glez, escritora y dramaturga madrileña que vive y trabaja entre Estados Unidos y España, plantean cuestiones reales que llevan a debatir sobre los comportamientos y despiertan las consciencias.

Sus obras teatrales se han estrenado en Almagro, Madrid, Nueva York, Newark, Los Ángeles y Bombay recibiendo merecidos galardones, entre los cuales el Hot Desk de Center Stage (2015) o el prestigioso Premio Calderón de la Barca en 2011 por su pieza Cifras, en la que nos hace vivir el dilema de un patrón de barco que decide rescatar una patera de inmigrantes en detrimento de su tripulación.

La primera obra teatral que Mar Gómez Glez escribió en solitario, titulada Fuga mundi (2008), se representó este verano en el Teatro Guindalera de Madrid hasta el 17 de julio, fecha en la que lamentablemente esta sala cerró sus puertas. La obra tiene un reparto compuesto íntegramente por mujeres y narra la historia de una imaginera religiosa perseguida por la Inquisición y encerrada en un convento por haber tallado una Virgen inspirada en el rostro de una hereje.

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Mar Gómez Glez se dedica con la misma pasión e intensidad a la narrativa: ha publicado numerosos cuentos en importantes revistas internacionales, en breve podremos leer un relato suyo en la antología Las otras. Antología de mujeres artificiales, que publica DíazGrey Editores de Nueva York, y su tercera novela, La edad ganada (Caballo de Troya, 2015) ha tenido una espléndida acogida de crítica y público. Este año ha cautivado la atención de la ganadora del Premio Herralde 2015, Marta Sanz, quien ha expresado en varias ocasiones su interés por la escritura de Mar Gómez Glez, al nombrarla entre las nuevas autoras más prometedoras del panorama español. En La edad ganada presenciamos la construcción de una identidad, el desarrollo de una mujer en una sociedad a menudo cruel, el descubrimiento de su corporeidad, la búsqueda de un espacio propio.

 ¿El teatro es un mundo para mujeres?

El teatro debería ser un mundo para todos, independientemente de su género, pero lamentablemente no lo es. En las gala de los Premios Max de este año, el presidente de la Fundación SGAE, Manuel Aguilar, recordó que sólo el 16% de los autores son mujeres, y sólo un 20% de los nominados fueron mujeres (descartando las categorías colectivas o las divididas por sexo), además no hubo ninguna mujer nominada en las categorías de autoría teatral, adaptación, composición musical o dirección de escena. Lamentablemente, los datos hablan por sí solos. A nivel personal, te puedo contar alguna anécdota. Hace años, antes de que Fuga mundi tuviera visos de estrenarse en España, pedí consejo a un dramaturgo amigo mío, más experimentado que yo, sobre cómo conseguir que la obra viera la luz en España. Tras leer el texto me dijo, que bueno, que con sólo mujeres lo tenía muy difícil, porque eso era pedir a una compañía que dejase a la mitad de sus actores sin actuar. El comentario refleja que todavía estamos muy lejos de la igualdad, porque en general hay muchos más personajes para hombres que para mujeres en la cartelera, y nadie dice nada.

 

¿En Estados Unidos la situación es parecida a la española?

Sí, la situación es parecida, el porcentaje de obras estrenadas firmadas por autoras ronda el 22%. Quizá, la única diferencia es que en Estados Unidos cuando suenan las alarmas sí se hace algo inmediatamente, por ejemplo, el teatro oficial del estado de Maryland, el Center Stage de Baltimore, con el que trabajé en 2015, preparó una temporada entera en la que sólo se contase con autoras. Eso, sería difícil verlo aquí.

¿Cuándo escribes te planteas quién leerá tu texto? ¿Piensas, por ejemplo, que van a leerte más mujeres que hombres?

No, no me planteo quién leerá mi texto a priori. Una vez escuché a Antonio Muñoz Molina decir que cada libro encuentra o crea su público y creo que tiene razón. Antes de que la obra esté escrita no existen las lectoras. Las lectoras o las espectadoras aparecen después, invocadas por el propio texto. Creo que me leen más mujeres que hombres, sí, o se manifiestan más, y esto me parece fabuloso. No le debo nada al patriarcado heteronormativo, ni reclamo la entrada en su canon. En pocas palabras, no me planteo que me vayan a leer más mujeres que hombres, pero sucede, y lo abrazo.

 

Tu formación (N. del E. Mar Gómez Glez es licenciada en sociología y periodismo y doctorada en humanidades) refleja un interés profundo por el ser humano, interés que plasmas en tu narrativa y el teatro. ¿Crees que el objetivo de la literatura es retratar al hombre para entenderlo?

Es hermoso eso que dices del objetivo de la literatura, yo no creo que pueda darte una respuesta definitiva sobre la literatura en general. Creo que a mí me interesa el mundo. La modesta página web que mantengo, en realidad, es un blog que se llama “El cuarto y la ventana”. Virginia Woolf decía que cada escritora necesitaba un cuarto propio, yo necesito un cuarto con una ventana abierta al mundo.

 

 

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Tu tesis doctoral ha sido sobre una mujer, la mística Santa Teresa. ¿Por qué elegiste a la santa, qué te llamaba la atención de su figura u obra?

Más bien me eligió ella a mí. Viviendo a caballo entre Nueva York y España empecé a preocuparme por el tema del espacio. Cruzaba tantas veces el Atlántico que quise situarme en el momento en que ésta travesía comenzó a ser una ruta más o menos frecuente con la llegada de los europeos al continente americano. Me fascinaban las diferentes concepciones de entender nuestro espacio como lugar, punto geográfico concreto en donde hay algo (una ciudad, un bosque, un camino…), más propio del medievo y espacio abstracto, con el redescubrimiento de la cuadrícula de Ptolomeo, en el Renacimiento. Algunos teóricos postcoloniales, como Walter de Mignolo, consideran que fue este nuevo concepto del espacio lo que propició la colonización, ya que sólo con esta visión tan abstracta se puedo concebir el espacio como lugar vacío que llenar. La idea del espacio abstracto me hacía pensar en otros tipos de espacios literarios, pero especialmente en el espacio interior. Ése es el tema que me llevó a los místicos, y entre ellos a quien mejor habla de la interioridad, Teresa de Ávila, sobre todo en su libro “Moradas del castillo interior”. La forma en la que entendemos al ser humano desde la modernidad debe mucho al desarrollo de la interioridad por parte de los místicos del siglo XVI y es algo que se reconoce muy poco, sobre todo cuando a quien hay que dar crédito es a una mujer conversa, como fue Teresa.

Además de escritora te dedicas a la enseñanza universitaria, por lo que estás en constante contacto con los jóvenes. ¿Cómo ves a las nuevas generaciones de mujeres? ¿Crees que son conscientes del papel que desarrollan en la sociedad?

Es muy difícil generalizar desde la experiencia propia. Yo sólo he trabajado en universidades norteamericanas, en instituciones privadas en las que el cuerpo de estudiantes representa sólo un porcentaje muy pequeño y muy privilegiado de la sociedad. Al nivel de estas universidades, y especialmente de los estudiantes subgraduados, creo que las chicas están muy motivadas y tienen las mismas aspiraciones que sus compañeros. De hecho, suelen sacar mejores notas. Pero lo que pasa en la academia no siempre se traduce en un mismo reparto de poder, responsabilidades y visibilidad en el resto de los estratos sociales. El feminismo es un movimiento raro, parece que siempre andamos dando dos pasos adelante y uno atrás, creo que tenemos que estar muy atentas y forzar a la sociedad a que se siga fomentando la igualdad de oportunidades, que en muchas ocasiones, pasa por políticas de conciliación de la vida familiar más equilibradas entre hombres y mujeres.

 

¿Tienes a una autora de referencia, una “despertadora” como la llamaría Kate Bolick? ¿Hay alguna obra que haya marcado especialmente tu desarrollo personal?

Tengo muchas autoras de referencia, pero para la escritura de La edad ganada, que ha marcado un antes y un después en mi carrera literaria destacaría tres libros: Antes, de Carmen Boullosa; Varia imaginación, de Sylvia Molloy y La ciudad en invierno, de Elvira Navarro.

 

¿Una escritora española que rescatarías del olvido?

Ella no está olvidada, pero su obra póstuma, La muerte y la primavera, sí. Me refiero al último libro de Mercè Rodoreda, que es una genialidad y no se edita desde hace años.

 

La edad ganada es un libro muy carnal, en el que el cuerpo tiene un papel relevante. ¿Cómo es tu relación con el cuerpo?

La relación que establezco con mi cuerpo es la que establezco conmigo misma. Lo trato mejor o peor (lo escucho más o menos) según sea mi estado de ánimo, y según me ataque la bicha autodestructiva con la que casi todos nos enfrentarnos en la vida. Somos nuestro cuerpo, y a medida que pasan los años esto se hace más evidente. El cambio de perspectiva entre el cuerpo como instrumento de la mente que nos permite relacionarnos y actuar en el mundo, a la conciencia de que el dedo gordo del pie también soy yo, te obliga a un trato diferente con todos tus órganos, y también nos obliga a mantener el ego a raya. Todo el juego con el dedo que hay en La edad ganada está relacionado con esto. El muñón recuerda al personaje que la estructura racional en la que vivimos, es sólo eso, una estructura y que podría ser otra, porque esa estructura racional pertenece al mundo social y mentalmente construido de la ideología. En la ideología en la que todavía vivimos los cuerpos están muy controlados, en algunos casos para el necesario funcionamiento de la sociedad, y en otros para el control de determinados grupos. ¿Quién no se ha puesto un pantalón dos tallas más pequeñas en algún momento de su vida para intentar entrar en el canon de extrema delgadez que impuso la sociedad norteamericana desde los años 50? Todos estos mecanismos controlan y ocultan el cuerpo, los cuerpos maravillosamente diversos. Afortunadamente cada vez se escuchan más y más voces que reclaman su liberación. En este sentido creo que por un lado el movimiento LGTB y por el otro la entrada de prácticas orientales como el yoga en nuestra sociedad han ayudado mucho a destruir la estandarización y a repensar nuestra relación con el cuerpo.

Hace más de diez años empecé a practicar yoga, no soy demasiado constante con ello, así que tampoco pienses que soy ninguna gurú, pero ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado nunca. Es muy difícil relacionarse con la sociedad de manera crítica sin saber relacionarse con una misma, y para esto la meditación y la actividad física son fundamentales.

 

 

 

 

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