“Valerosas” de Penélope Bagieu

 

La casa de las autoras gráficas

 

 

 

Voy a evitar echar algunas maldiciones al pasado: Ese telón que dejó a las mujeres como actrices suplentes que solo a ratos podían subir a escena. Quiero evitar la tragicomedia y el melodrama, para guardar el decoro y mantenerme recta. No porque sea lo que se espera de una señorita, pero porque a nuestra crítica le sobran argumentaciones, como le sobran mujeres valientes y convencidas de que la integridad y la autenticidad están más  allá del código de conducta social que les corresponde.

Primero, el lenguaje las libera. En este volumen de historietas de Penélope Bagieu, a ellas se las describe como valerosas. Tienen personalidad, como Margaret Hamilton. Son independientes, pero eso ni se les impide amar como la mujer barbuda y Josephine Van Corgen. Se revelan contra el poder para luchar justamente como Nzinga o Lozen. Creen en ellas mismas y nada las detiene, como Tove Jansson o Josephine Baker. En general, todas estas historias consiguen lo que yo he llamado “el despertar de la lectora”, porque la obligan a verse de nuevo en el espejo de la historia y a reconsiderar su vida.

La llamada a la rebeldía también define la forma del cómic. Así, la encargada de esta antología se revela contra la presencia de la viñeta, del patrón, que suele dominar la narración en el cómic. Al igual que otros historietistas centroeuropeos (Sfar, Doucet, Maroh) la autora desprecia la línea y sacrifica el detallismo sin renunciar a un colorido emocional. Las gamas de colores que utiliza, diferentes en cada historia, llenan de luminosa ejecución a sus gráciles personajes de “borrador”. Sin extenderse en detalles, elige la versión biográfica nuclear para introducirnos en  las vidas de aquellas cuyos nombres solo habíamos escuchado de refilón. A través de las páginas de este cómic, me percato de que esa innoble deuda de la historia les proporciona a sus andanzas un rasgo milagroso: las hace parecer los tesoros de un barco hundido. El reconocimiento de cualquiera de esos detalles tan enriquecedores sobre sus vidas las hace modelos asequibles, sin talla ni medidas. El hecho de estar formado enteramente por personajes históricos, además hace de ellas un reflejo de la complejidad del carácter, rellenando los innumerables vacíos del personaje femenino a lo largo de su historia en el arte secuencial.

Penélope Bagieu, autora de Josephine (2008) y California Dreamin (2017) comenzó a relatar estas historias en forma de cómic por entregas en el blog “Les Culottées” del diario Le Monde. El título hacía mención a esa expresión francesa venida de aquellas primeras mujeres que usaron la famosa prenda masculina. Juntas por fin y traducidas al castellano, estas historias componen los volúmenes 1 y 2 bajo el título de Valerosas editado por Dibbuks. Como en el jardín de Georgina Reid cada historia es una planta que ayuda a sustentar el terreno, a enriquecerlo. Ese terreno estaría formado por la sociedad al completo  y evitaría que hombres y mujeres cayéramos en un precipicio de ideas retrógradas y superficiales. Además de su función divulgativa y pedagógica, Penélope Bagieu se suma a esa tendencia que pretende ennoblecer el anonimato de las acciones humanas. Con la humildad de quien recoge las historias de los demás en lugar de inventar otras nuevas, la autora ha comentado que las mujeres tuvieron doble mérito porque lucharon contra unas condiciones más adversas que los hombres. Ese rol secundario que debían mantener durante la definición de sus vidas alguna vez fue puesto en cuestión por sus protagonistas. Uno de sus mayores logros, quizá sea el de recordarnos que nada es así para siempre y que podemos cambiar las cosas de un momento a otro.

 

 

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