Maggie Plan

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Cuando mi amiga J. conoció a M, en su trabajo, no le cayó bien. Le pareció un tipo pesado y prepotente, que solo hablaba de sí mismo. Pero a M. le gustaba mi amiga, así que no perdía ocasión para invitarla a salir y “cortejarla”: le regalaba cosas caras, perfumes, la invitaba a cenar, le llevaba cosas que le gustaban, le ayudaba con el trabajo, etc.

Al principio nos cachondeábamos de lo que había hecho ese día para “conquistarla”. Luego, vino una época en que dejó de contarme, y cuando le preguntaba, me decía algo así como: ahí sigue… Hasta que un buen día me llamó para decirme que se había liado con él, y que habían empezado a salir. Desde hace unos años es la pareja de mi amiga, y a veces me parece que me mira sabiendo que yo sé lo que mi amiga pensaba de él.

Había escuchado muchas veces lo de: quien la sigue, la consigue. Pero nunca pensé que mi amiga J. cayese en esa trampa que es empezar a dudar de lo que una siente, y dejarse convencer por otra persona sobre lo que sabes de forma intuitiva: que alguien no te gusta. Distinguir entre la intuición y la soberbia es difícil: cuándo sabemos que tenemos razón, y cuándo nos aferramos a nuestra razón como la verdad. Como generalidad (por lo que la afirmación tiene algo de falsa),  insistir con algo a alguien en cualquier situación, es una falta de respeto, porque lo que se te está diciendo es: yo quiero esto y me da igual lo que tú quieras, y más sutilmente: no sabes lo que te conviene.

Esta relación que hago entre el argumento de la Miller y mi vida, puede ser interpretativo y subjetivo, quizás el argumento menos atrayente para ver una película, pero la directora convierte esto en algo divertido y actual, y lo hace protagonizar por una mujer que oscila entre la torpeza, el control, la ternura y la primitiva culpa.

Maggie (Greta Gerwig) decide ser madre, y como no tiene pareja, busca y encuentra un hombre que cree puede ser un donante ideal: un antiguo compañero de escuela, un matemático que deja la investigación científica para iniciar su empresa de pickles (pepinillos en vinagre). Justo cuando toma esta decisión, en su lugar de trabajo aparece un nuevo colega: John (Ethan Hawke) empeñado en escribir su primera novela. Ellos dos comienzan a verse de forma regular, porque Maggie comienza a hacer algo que las mujeres hacen muy bien: gastar su energía en el otro, sea este hijo/marido/padre. El trabajo de Maggie es tutora en un centro de arte que ayuda a iniciarse en su carrera profesional, pero empieza a trabajar de forma gratuita, fuera de horario y sin blanquear la situación para John: le ayuda con su primera novela, ya que su mujer está demasiado absorta en su profesión, como para ayudar a su marido.

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Sucede que John se enamora de la mujer que le ayuda (como no), es decir, de Maggie, y aparece, sin avisar, en plena noche, a tocarle el timbre a una ocupadísima Maggie.  Esto, que en una comedia romántica sería un impulso de amor, aquí se muestra como una interrupción. Un cortocircuito, en la vida protagonista de Greta. Como cuando el profesor Emmett Brown le explica a Marti Mcfly, de Back To The Future, en una vieja pizarra, la unidad del tiempo se ha visto interrumpida resultando en esta realidad alternativa, y están viviendo en un 1985 alternativo, falso para ellos, pero verdadero para todos los demás. Pues ídem: aquí la Maggie empieza a vivir una vida paralela a la que había planeado. Hasta que se da cuenta que ha pasado de ser la protagonista de su plan, a ser la mujer del protagonista.

¿Cómo se soluciona esto? Una persona sin culpa, simplemente se separaría y retomaría las riendas de su vida. Pero Maggie sufre de culpa-aguda y como consecuencia de necesidad de control, por lo que idea un nuevo plan: intenta “devolver” su marido a su antigua mujer.

La antigua mujer es una Julianne Moore, Georgette, que se mueve únicamente bajo su parámetro de valores, y entre ellos no incluye la culpa. Por lo que resulta un personaje mucho más atractivo y futurista, que la tierna Maggie.

Una de las mejores escenas de la película sucede cuando en plena estrategia de devolución-reconquista, Julianne Moore lee la novela de su ex, y le cita en un bar para decirle lo que piensa sobre ella. Tras entregarle una bolsa con las cenizas de su novela carbonizada, le dice algo así como: si quieres escribir una tesis sobre lo que piensas: escríbela, pero no hagas de eso una novela. Comentario agudo como una flecha, que nos deja entrever la opinión de la directora sobre cierto cine actual.

En toda pareja hay una rosa y un jardinero. Le dice Ethan Hawk a Greta Gerswing en el inicio de la película en un parque helado de New York, hablando sobre si mismo y su pareja Julianne Moore, la exitosa escritora; El jardinero se encarga de poner la campana de cristal, como el Principito de Saint-Exupéry, en ese volcánico y extraño planeta que es la pareja.

En las comedias románticas el final es siempre el mejor final posible, el amor triunfa, y si no triunfa el amor, triunfa el Bien o la Justicia (lo mejor y lo más justo). Rebecca Miller escribe y dirige esta película en la que el guion plantea un enredo y los personajes se empeñan en solucionarlo. En sus películas anteriores (The Private Life Of Pippa (2009) o Personal Velocity (2002)) había conseguido pero de forma intermitente este equilibrio entre risas y llantos, Hasta aquí nada extraño para el género, pero los destellos en cambio son brillantes, no por luminosos, sino por profundos.

¿Cómo librarnos de la culpa? ¿En qué consiste un compromiso? Y la más jodida: ¿cómo hacer para ser protagonistas de nuestra vida y tener pareja?.

El Principito deja su planeta volcán y se pone a vagar por el universo, echando de menos a su Rosa, hablando de ella cuando le preguntan. Y esa es la parte de la vida del Principito, que el escritor francés decide contarnos: cuando dejó de ser el jardinero y se puso a vivir. La Miller en cambio decide contarnos esa época de la vida en la que fuimos jardineras. Porque para la Miller no hay nada malo en ser durante un tiempo jardinera, lo que creo que propone es una reflexión sobre aquellas personas que “solo” son jardineras.

Hace unos años leí un libro de Eleanor Coppola, la mujer de Francis Ford Coppola, en el libro narra cuando su marido tomó la decisión de irse a Filipinas a filmar Apocalypse Now (1979), y mientras tu sabes que Coppola Marido está haciendo la peli que marcará su carrera cinematográfica, Coppola-Mujer concluye los días escribiendo: hoy no pude hacer nada porque me tuve que encargar de uno de mis hijos que estaba enfermo, de arreglar el calefón, de que el agua no inundara la casa. Y una lista muy larga, propia de una jardinera con tres hijos, y una Rosa del tamaño de Coppola en casa.

Pregunto: ¿Siempre tiene que haber un Jardinerx y una Rosa?. Porque no me extraña que a la primera bandada de pájaros nos inventemos una extraña estrategia para huir del volcánico planeta.

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