Hacia lo innombrable. Una aproximación a Mujeres de ojos rojos: del arte feminista al arte femenino

Portada del libro Mujeres de ojos rojos. Del arte feminista al arte femenino de Susana Carro Fernández. Trea, 2010.

Portada del libro Mujeres de ojos rojos. Del arte feminista al arte femenino de Susana Carro Fernández. Trea, 2010.

Hace relativamente poco comencé a interesarme por la historia del arte. Este hecho no fue algo fortuito, sino que resultó ser más bien el resultado de un largo proceso colmado de inquietudes y obsesión por las obras, los artistas y los contextos.

Sin embargo, y tras estudiar y analizar la obra de arquitectos, escultores y pintores y tras ser consciente de que no iba a toparme de esta forma con arquitectas, escultoras o pintoras, decidí tomar como punto de partida otras fuentes, intentar construir esa nueva genealogía o, por lo menos, colaborar en su recuperación del olvido.

De aquí surgió mi primer dilema al respecto: o bien había habido mujeres artistas y habían quedado sistemáticamente invisibilizadas a lo largo de la historia, de forma que fuera imposible hallarlas en los libros de texto, o bien no había habido mujeres artistas y entonces, la pregunta sería la siguiente: ¿cómo es posible que la mitad de la población haya estado dotada de una abrumadora creatividad y la otra mitad de la población haya estado plenamente incapacitada para el arte?

Con esta urgencia de llenar el vacío de referencias femeninas, me topé con el libro de Susana Carro Fernández (Mieres, 1971). Decía Gilles Deleuze que concebía al artista como alguien que, habiendo encontrado cosas injustas e intolerables, volvía de los abismos con los ojos rojos y la necesidad de transmitir esta realidad al mundo, esto es, mediante la creación. A partir de esta reflexión, la autora escribe Mujeres de ojos rojos: del arte feminista al arte femenino (Editorial Trea, 2010), un ensayo a propósito de los motivos que han mantenido a la mujer alejada del concepto de arte y de los discursos feministas que han vuelto a ponerla en el dominio de la estética.

No me propongo hacer una reseña del libro, sino más bien compartir las preguntas y reflexiones que he llevado a cabo durante la lectura. Para ello, expondré las cinco problemáticas históricas que se nos plantean: la dicotomía de género de lo público y lo privado, las sucesivas representaciones de la femineidad, la dimensión política del feminismo, el empoderamiento artístico de la mujer y la dualidad del arte feminista-arte femenino.

Serie de Femme maison de Louise Bourgeois.

Serie de Femme maison de Louise Bourgeois.

 

Femme maison de Louise Bourgeois.

Femme maison de Louise Bourgeois.

 

Dicotomía de dominios público y privado. Les femmes maison.

Mujeres de ojos rojos es un libro plagado de dicotomías que se explica sobre todo como un intento de ahondar en la histórica dicotomía de género. Nos encontramos, pues, en primer lugar, con el binomio razón-deseo que se materializa en la distinción público-privado. El hombre, como alma racional, deberá ser el enlace entre el hogar y el mundo, el que muestre su valor al exterior sin reparos. Por otro lado, la mujer, como alma concupiscible y emocional, deberá permanecer oculta, relegada únicamente al ámbito doméstico, casi claustrofóbico. Mientras que el hombre es hombre, creador y productor, la mujer es ante todo esposa y madre.

Esto se entiende muy bien recurriendo a la literatura: en la Odisea, Ulises se sirve de su astucia y su mesura para superar los obstáculos que se le plantean durante el viaje; al mismo tiempo, Penélope espera durante quince años representando otro papel completamente opuesto, el de la paciencia, la quietud. Esta configuración de roles que distinguimos tan claramente en la obra de Homero, es la que se ha mantenido a lo largo de los siglos, agravándose incluso en sus constantes.

El concepto de femme maison que instauró Louise Bourgeois a partir de su serie de pinturas nos sirve para llevar a cabo la primera reflexión. ¿Se puede crear desde lo privado? ¿Puede el arte ocupar el papel de nexo entre el hogar y la realidad exterior? ¿Qué ocurre cuando la mujer canaliza mediante el arte todo ese deseo y sentimentalismo del que ha sido dotada tradicionalmente?

Untitled film still de Cindy Sherman.

Untitled film still de Cindy Sherman.

 

La femineidad y sus representaciones

Es evidente que la identidad femenina ha quedado constituida por una serie de patrones antiquísimos, que no han sido puestos en tela de juicio hasta hace relativamente poco. Entre ellos, el arte en tanto que retrato de la realidad del momento, los medios de comunicación, la publicidad, las instituciones o el poder. De este modo, lo femenino ha encontrado cabida y límite en el matrimonio, el esposo, los hijos, el hogar, y este imaginario se ha dispuesto fundamentalmente a partir del rechazo de lo no femenino, a saber, la educación, el trabajo y por ende, la independencia.

Me vienen a la mente todos esos decálogos de la esposa perfecta que encomian las inmanentes cualidades femeninas de la complacencia, la cortesía, la pasividad y el silencio para con el marido.

Encontramos así que los valores y los rasgos de lo femenino han sido configurados únicamente desde el exterior de lo femenino y, fundamentalmente, desde la exclusión de la voluntad de la mujer.

Ante esto, se abren nuevos debates. ¿Puede la mujer acatar estas imposiciones sin entrar en contradicción con sus propias necesidades? ¿Es suficiente con que el feminismo tenga la voluntad de transformar este imaginario o es imprescindible destruirlo? Y más allá, ¿tienen las mujeres que crear algún imaginario que reafirme su femineidad?

Fotografía del proyecto Women Artist.

Fotografía del proyecto Women Artist.

Womanhouse: hacer política desde el feminismo

Cuando hablo con las mujeres de mi entorno, lo que más me llama la atención es la concepción que se tiene del feminismo como algo excesivamente teórico, desplazado al ámbito de lo ensayístico, a lo intelectual beauvoiriano o woolfiano. Lejos de esto, el feminismo está o debe estar en cada dominio que rige la vida política, económica o cultural, en cada uno de nuestros gestos cotidianos.

En la esencia de todas las derivas y corrientes que ha tomado el feminismo en los últimos tiempos (algunas de ellas presentes en el libro) queda la auténtica naturaleza del movimiento: hay una voluntad de crear y de decir desde una perspectiva diferente, desde la alternativa, y esto es extrapolable a todos los ambientes.

La política será feminista, o el feminismo será realmente político, cuando trascienda el ámbito de la res publica y entre en los hogares, en el histórico territorio femenino. Las relaciones de poder que se establecen fuera pueden extenderse a lo privado, de forma que el análisis de las jerarquías debe llevarse a cabo desde y para ambas dimensiones. No solo eso, sino que tomando como punto de partida el exterior de esa “caverna” artificial que es lo doméstico, la comprensión de la realidad es inconclusa, despojada de uno de sus agentes esenciales.

A partir de la exposición Womanhouse, el primer proyecto de pedagogía feminista realizado por Judy Chicago y Miriam Shapiro, se lleva a cabo una de las primeras conquistas artísticas de lo público desde lo privado. La osadía no consiste únicamente en la salida platónica y la ascensión hacia el exterior; más allá de eso supone una reafirmación del territorio doméstico en un territorio completamente extraño.

Bringing the war home de Martha Rosler.

Bringing the war home de Martha Rosler.

 

Bringing the war home de Martha Rosler.

Bringing the war home: House Beautiful de Martha Rosler.

 

Bringing the war home: House Beautiful de Martha Rosler

Bringing the war home: House Beautiful de Martha Rosler

Arrebatar lo expropiado: empoderamiento geográfico, político y artístico de la mujer

Hablaba algunas líneas más arriba de que mi encuentro con este libro se debía, principalmente, a mi apremiante necesidad de llenar el hueco del arte en lo que a referencias femeninas (y feministas) se refiere. Esa urgencia está en estrecha relación con la decisión de asaltar lo público, de franquear los muros incisión a incisión y edificar con nuestras manos los cimientos de un nuevo arte, de una nueva política o de una nueva sociedad.

Para penetrar en estas estructuras es necesario sobrevolarlas, conocer de qué prejuicios partimos, qué concepciones, tanto del arte como de la mujer, han obstaculizado su vinculación.

Me gustaría, llegados a este punto, dejar a un lado los datos, los nombres y los proyectos para centrarme en la que me parece una de las mejores reflexiones del ensayo.

Las actividades que han sido consideradas como femeninas representan lo opuesto a la creatividad. En su lugar, constituyen ejercicios rutinarios, elementales, carentes de placer. Este hecho ha convertido en una contradicción el sintagma mujer artista, que ha quedado sistemáticamente impugnado. Una mujer creadora y creativa era considerada algo irrisorio, fuera de los patrones y relegada de forma ineludible a la exclusión, al rechazo más absoluto.

Quisiera dejar de cuestionarme si en pleno siglo XXI siguen perpetuándose los moldes que alejan a la mujer del ámbito de lo artístico, o si, en caso de que se haya aproximado a este, lo ha hecho en el papel de musa o en el papel de artista.

Más allá de cualquier estigma, lo que parece quedar claro es la necesidad de revolucionar nuestros conceptos. No solo el de mujer en tanto que individuo creador, sino el de arte, el de sociedad, el de política. En definitiva, todos aquellos que entrañan la vigencia de estructuras corruptas y atrofiadas.

Some living american women artist de Mary Bath Edelson.

Some living american women artist de Mary Bath Edelson.

 

Body beautiful, beauty knows no pain de Martha Rosler.

Body beautiful, beauty knows no pain de Martha Rosler.

 

Body beautiful, beauty knows no pain de Martha Rosler.

Body beautiful, beauty knows no pain de Martha Rosler.

Del arte feminista al arte femenino

Una de las razones principales por las que me quedé prendada de este libro es su forma de atar todos los cabos sueltos: Susana Carro realiza un completo recorrido histórico, sin olvidar las implicaciones del feminismo en todos los dominios de la vida cotidiana y, por supuesto, centrándose en el tema vehicular: el arte. Desde Louise Borgeois, pasando por la icónica Beauvoir, hasta Martha Rosler, Judy Chicago o Betty Friedan. Lo más fascinante resulta ser esa sororidad, la línea que sí, que es posible trazar a través de los nombres de estas mujeres, de sus propósitos, de sus inquietudes y de su urgencia a la hora de apoderarse de algo que siempre ha sido suyo, nuestro.

Mujeres de ojos rojos es un ensayo denso, cuya síntesis resulta cuanto menos inadecuada. Es sobre todo un libro abierto a la sugerencia, al debate, a la reflexión, una posibilidad que he querido traer a esta tribu. Esta lectura es una forma de decir que estas son nuestras hermanas, que esta es nuestra trinchera y que todo territorio conquistado será meritorio.

Me voy a permitir concluir lo ya dicho con una cita de Adrienne Rich que aparece justamente en este libro, como punto y final, como denuncia y como esperanza: “lo que no se representa en las imágenes, lo que se omite en las biografías y se censura en las colecciones de cartas, eso se convierte en algo innombrable”.

 

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