Lady Bird

 

 

 

 

 

Lady Bird, 2017

 

 

Greta Gerwig (directora) y Saoirse Ronan (protagonista) crean en esta película a una adolescente que se hace llamar Lady Bird, egoísta, egocéntrica y todos los egos juntos que se ocurran para unirlos a la edad terrible que es la adolescencia. Es su segunda película como directora, ya que en 2006 codirigió Night and Weekends junto a Joe Swanberg; sin contar Frances Ha y Mistress America que escribió y protagonizó, pero dirigió su marido Noah Baumbach en el 2013 y 2015 respectivamente. (Es curioso que protagonizara y escribiera las dos de las siguientes cuatro películas de su marido, pero la dirección la firma exclusivamente este. Me pregunto: ¿habiéndola escrito y protagonizado no debería de haber tomado algún tipo de decisión  de dirección? ¿La codirección no sería una fórmula más adecuada?).

 

“Lady Bird” narra el momento en el que una adolescente está terminando el último año de la secundaria y tiene que decidir (en esta realidad: blanca, americana y de clase media)… un momento:  iba a escribir: “¿Qué va a hacer con su vida?”, pero me doy cuenta de que no, de que la decisión que tiene que tomar es esta: “¿A qué universidad quiero ir?”. Hubiese sido más interesante: “¿A qué universidad puedo ir?”. Y yendo a la universidad que puede pagar, ver cómo se encuentra a sí misma en una institución mediocre. Sería otra película que, obviamente, Gerwig no ha vivido. Pero entre esas dos frases está la película. No quiere ir a las universidades que puede ir (que puede pagar familiarmente) sino a aquella que ella cree que significará algo totalmente distinto en su vida. Entre estas dos frases está su madre, un personaje magnífico interpretado por Laurie Metcalf, demasiado escaso en el minutaje total. Una madre que trabaja como enfermera y sostiene económicamente la casa familiar y tiene que lidiar con los caprichos de esta hija adolescente. Dejando a un lado que me hubiese gustado ver una película exclusivamente sobre esta mujer con una visión de la vida tan practica y útil, y que me da qué pensar que me identifique más con la madre que con la hija, la construcción del personaje realizada por Gerwig es interesante y divertida, aunque totalmente fantasiosa.

 

Hay muchas pelis sobre adolescentes en el cine, quizás hasta puede ser un género el de los adolescentes americanos. También tiene todos los ingredientes del movimiento mumblecore (improvisación, drama cómico, naturalidad ), por lo que podemos sobreentender que es un retrato social, además de representativo de la producción independiente nacional. Pero las películas de adolescentes americanos son quizás lo más alejado de la realidad que me puedo plantear ahora mismo, por eso nunca llegué a conectar con la película. No ya por creer que los adolescentes se preocupan por las universidades a las que ir,  por la popularidad (What?!), o por qué ponerse en el baile de final de curso. Sino porque, aunque al principio pareciese que es una crítica a al privilegio de algunos sobre otros para elegir universidad basada en la biografía de la propia directora sobre la imposibilidad de la clase media de entrar dentro de las grandes universidades yanquis, sin embargo cuando al final lo consigue, (porque lo consigue: Greta Gerwig estudia en el Barnard Collage, de la Universidad de Columbia en Nueva York, una universidad privada  femenina dedicada al arte, y decir privado en EEUU son palabras mayores ) tiene ese tufillo naif de “quien  tiene claro lo que quiere, lo consigue” . Y aquí  es donde aparece la nación norteamericana  y la bandera de estrellas. Yo no sé cómo funciona EE.UU., quizás es como en todos los lugares: si vas a la universidad adecuada, conoces a la gente adecuada que te producirá un trabajo adecuado y conseguirás el dinero adecuado. Quizás allí sea verdad que da igual de donde vengas, que tú puedes conseguirlo. Si te esfuerzas lo suficiente, que es una forma de decir: si conoces a la gente adecuada.

 

Todo esto es para decir, que en mi adolescencia yo no era de las que tenía claro qué hacer, ni a dónde tenía que ir para hacer aquello que no sabía que quería hacer, siempre me dieron envidia aquellas personas que dicen algo cuando son niños y lo cumplen cuando son adultos. A mí me habría gustado tener, socialmente, familiarmente y académicamente,  un espacio para pensar, para buscar, para decidir. Y que la decisión no tuviese que tener los claros signos de la culpa, de la ignorancia y de las posibilidades reales. Porque a mí, Greta, si me hubiesen aceptado en esa universidad, lo mismo no hubiese ido, no habría podido ir, no hubiese podido pedir semejante cosa a mis padres. Desde la envidia te lo digo.  Porque,  aquí donde ahora vivo, ya te puedes esforzar todos los días, como veo en el tren desde mi casa a la capital, a gente derrumbada por el trabajo y las dos horas de ir y volver al trabajo, que nunca accederás al deseo, solo a la necesidad. Aquí los adolescentes que terminan la secundaria y no tienen dinero, solo tienen un sueño: trabajar. Pero claro, yo escribo desde mi Aquí, y tú haces pelis desde tu Allí. Y eso es lo válido.

 

Por eso “Lady Bird” es una buena película aunque el resto del mundo no pueda identificarse sin los chirridos de la propia experiencia social, porque cuenta una experiencia individual con sentido del humor, en un país muy concreto, sin hacerse cargo del resto de la humanidad, aunque desde aquí parezca Nunca Jamás, en el que funciona esa hermosa palabra llamada deseo. Es una película que habla de dinero y de cómo te conforma el tenerlo o no. Aunque, al final, no me queda clara la manera en que pueden enviarte a una universidad cara, por mucho que hipoteques a toda tu familia en una escena de menos de 30 segundos. Con lo reconfortante que es que hables de pelas como lo hiciste en Frances Ha. Quizás me doy cuenta ahora mientras escribo, que de eso va la adolescencia que retratas: que te importe todo un ovario.  ¡Qué bonita es la inconsciencia! Pero volviendo al deseo, es poderoso y en eso te doy la razón,  y tenerlo te guía como las líneas pintadas de las carreteras en la noche. Por eso me hubiese gustado una peli sobre la madre. Y los deseos de la madre.  Esos que no sé si tenía y que no sé qué hizo con ellos. Pero tu Lady Bird es más divertida, más entretenida, más ingeniosa,  porque al final la salvas de la realidad y echa a volar a la gran ciudad dejando atrás Sacramento.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *