Un poema de A.Z. Phadrig

 

La poeta A.Z. Phadrig. Fotografía de Jaure Mur.

La poeta A.Z. Phadrig.

 

Poética

Es la confesión, y no el sacerdote, quien nos da la absolución.

El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde.

 

 

 

El agua que nos separa

Se apodera de mí la presión de algo que no me pertenece.

La inmensidad de un océano lejano, frío y turbulento.

Las raíces que crecen en sus profundidades llegan hasta mis pies y me atan a tu frío.

Necesito sentir el mar que crece en tus ojos.

Las mareas de olas que se rompen en tus tobillos frágiles.

He olvidado lo que significa tener ganas pero me atraviesa ese aire de lejos que anuncia la tormenta.

Las algas que nos atrapan son las mismas que nos separan.

El fuego que se aviva con nuestras entrañas y se extingue cuando solo quedan nuestras cenizas para ser quemadas.

Ardemos en un horizonte que nos pertenece a veces y que nos ilumina en la noche desde la distancia.

Beso uno a uno los errores que se esconden en tu piel y rezo a tu temor de cometer atrocidades nuevas.

El fango ha manchado tus alas y te suplico que no sufras.

Prometo limpiarlas una a una con mis manos, con mi saliva y con la sangre de aquellos que un día nos lanzaron flechas desde de lo alto de sus torres engalanadas.

Tus manos sujetan los pétalos de aquellas flores que un día estuvieron vivas y cuyos tallos flotan inertes en el agua que se agita, que nos agita y que nos separa.

Tranquilo, susurro, que en esta cama de algodón solo estamos los dos empapados de sal.

Tranquilo, mientras beso tus párpados, que el océano es inmenso pero tú eres todavía más grande.

Espero intranquila tu caída porque cuando estés en el suelo, llevaré algún tiempo observando cómo te derrumbas.

 

 


 

A.Z. Phadrig, Toledo, España (1988). Periodista y escritora. Licenciada en Comunicación Audiovisual y especialista en Comunicación de Moda, comenzó a escribir en 2011 el blog Confesiones de Leones. En la actualidad escribe en Las Cositas de A.Z., edita su fanzine poético ‘W’ y prepara su primer libro, titulado Los amores platónicos.

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