Los momentos históricos

 

Mariña Sánchez Testas.

 

Desde que nos metimos en este lío, hemos estado todo el rato viviendo momentos históricos. Las elecciones con su ventana de oportunidad y sus ahora-o-nunca, los retos-espejo de los países hermanos, las otras elecciones, y las otras, y las otras, la primera vez que tal, la primera vez que cual. El acontecimiento no nos deja tregua. Nos fuimos de vacaciones tras una histórica moción de censura y el histórico momento en que el Presidente se vio obligado a comparecer ante un tribunal, y volvimos de vacaciones para encontrarnos con el momento histórico de Cataluña y sus afanes.

Quizá hay una política romántica como hay un amor romántico. Como en una comedia rosa, en ella la trama la conformaría solo lo que da bien en cámara, lo que confirma el guion. Las medias naranjas, los instantes decisivos. Y, como en toda buena película, escenas y escenitas se suceden generando la perfecta dependencia entre los actores. Es de mutuo interés mantener la intensidad, porque solo de acontecimiento en acontecimiento se sostiene la historia.

Sin embargo, fuera de las pantallas ya hemos ido aprendiendo que el amor se construye más bien en todo lo demás, que la trama la sostiene un continuo de momentos poco fotogénicos. Que se construye en la continuidad y en la contradicción y en un tejido cotidiano forzosamente irregular y lleno de errores. Que a menudo no se parece a lo que pensábamos. Que las posibles relaciones entre unas cosas y las otras son múltiples, y que una cosa con los símbolos y otra la realidad. Entenderlo así resulta menos vistoso, pero lo contrario es una ficción que acaba por no hacerle bien a nadie.

Que la política está en todo lo sabíamos hace tiempo y no se nos debería olvidar.

Esto no quiere decir que no haya momentos decisivos. Por supuesto que sí. Hay que saber identificarlos, en la política y en el amor, y tener la audacia de los pasos oportunos y el compromiso necesario. Pero también saber que no suelen aparecer con ramos de flores y fuegos artificiales.

Desde que nos metimos en este lío hemos vivido momentos históricos, sí. Unos pocos solo en estas semanas, desde el regreso del verano: hemos promovido una ley pionera por los derechos de las personas LGTBI (que el gobierno podrá vetar); hemos participado en la negociación de un Pacto de Estado contra la violencia machista (que carece de presupuesto para cumplirse) y seguimos inmersos en uno que atañe a la educación (atascado hace meses); hemos asistido al flagrante incumplimiento de las cuotas acordadas por Europa para acoger a personas refugiadas (mientras los grandes medios se ocupaban de otra cosa). 

Tiene peligro que mientras vamos cegados por la luz de los momentos históricos, los verdaderos momentos históricos se nos escurran entre las manos. Como si la tentación de habitar escenas de comedia romántica nos alejara del am…

Oh, vaya.

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