Sobre mí

 

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“INTENTAR sentarse a la máquina de escribir

una tarde cálida de verano

en una mesa junto a una ventana

en el campo, intentar fingir

que tu tiempo no existe

que tú eres simplemente tú

que la imaginación se extravía

simplemente

como una gran polilla, sin intención

intentar decirte a ti misma

que no tienes compromiso

con la vida de tu tribu

el aliento de tu planeta”

Adrienne Rich

 

Habría que remontarse muy atrás en el tiempo para ver el momento exacto en que nació mi vocación por la literatura. Creo recordar que contaba la edad de ocho años y me encontraba sentada en el poyete de la puerta de mi abuela, en la casa del pueblo, junto con una amiga de la infancia. Aquella mañana de invierno, después de una de esas misas de domingo a las que nos obligaban a ir antes de hacer la Comunión, ambas decidimos ser escritoras. Poco sé hoy de esa niña rubia con gafas, apenas que estudiara ciencias y olvidara por completo nuestra promesa feliz. En cambio, mi vida ha ido siempre por un camino literario. Fueron entonces Mujercitas y Orgullo y prejuicio mis primeras lecturas –los pocos libros que había en casa- y cuando los mayores vieron mi afán por la lectura, no dejaron de regalarme libros en todas las celebraciones. Ahora cuento con una extraña biblioteca que he ido perfeccionando a medida que mis gustos se han definido y matizado. Pero guardo aquel viejo ejemplar de la novela de Jane Austen, en cuero y con las letras doradas del lomo casi borradas por el tiempo, como si fuera un pequeño amuleto.

Descubrí hace algunos años que Jo March me había influido mucho cuando yo era una niña y me consideraba una escritora principiante -ya sabéis, de malos poemas de amor y juegos- y estoy segura de que ha influido en muchas otras niñas que hoy son escritoras. Jo fue para mí como la hermana mayor que nunca tuve.

“Cada pocas semanas solía encerrarse arriba en su habitación, solía ponerse su traje de escritora y “caer en el torbellino”, como ella decía enfrascándose en la escritura de su novela con todo su corazón y su alma, pues hasta que no acababa no encontraba la paz (…) Ella no se consideraba un genio en absoluto; pero cuando le sobrevenía el arrebato de la escritura, se entregaba a ello con un abandono absoluto, y llevaba una vida de gozo, inconsciente de las necesidades, de los cuidados o del mal tiempo mientras se instalaba feliz y segura en un mundo imaginario”

Mujercitas de Louise May Alcott

Jo March no fue más que el principio de todo: la semilla del tumulto interior de una chica que comenzaba a rebelarse. Y así llegaron Anne Sexton, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Emily Dickinson, Ada Salas, Virginia Woolf, Chantal Maillard, y más tarde Adrienne Rich, Anne Carson, Wislava Szymborska, Joan Didion, Ángela Figuera, Marianne Moore, Mary Jo Bang, Sharon Olds. Y Antígona, Electra y Lisístrata. Todas hembras. Y no dudéis de que algunos hombres hubo. Pero son ellas las que ahora ocupan casi todas mis lecturas.

Poco más puedo decir. Entre mi equipaje hay una licenciatura en Periodismo, un posgrado en Literatura Comparada y las habitaciones de cinco países distintos: España, Alemania, México, Praga y Londres.

Supongo que nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir, para salvarnos del rendido momento de peligro que oprime corazón y pulmones. Y casi todo aquello que escribo refleja, caprichosamente, cómo me siento. Hoy estoy feliz de poderos dar la bienvenida a esta casa.