Un poema de “La edad atómica” de Gerardo Grande

Soñé con la poesía de América Latina   Una mano invisible y pesada la reunía una tarde en el desierto   La poesía tomaba forma de un perro amarillo en medio de la nada a lo lejos muy lejos un oasis cordilleras el mar   El perro solitario bajo las llagas del sol caminaba lento y sus patas se hundían en la arena pero el animal monstruoso o alucinante no caía no dejaba de avanzar una tormenta de arena a 100 kilómetros por hora lo arrancaba de mi vista y juro que mi corazón dejaba de latir    Un ave metálica atravesando el cielo sin problema alguno tal vez se reía del animal perdido y de mi condición de estatua en aquel momento   La tormenta avanza hacia el sur y el perro aparece intacto con los ojos entornados su piel amarilla como el desierto en esa tarde infernal y avanza   Pero a dónde se dirige? Uno no nunca sabe a dónde va la poesía ni siquiera en el mundo de los sueños   Tal vez el perro monstruoso vaya y orine al mar luego comience a entrar en él y no haría nada más o nadaría hacia el fondo para reunirse con los perros acuáticos del olvido o no    Lo cierto es que el animal avanza me gusta mirarlo y acariciar su pelaje brilloso su hocico sangrante   Luego tira una mordida que se extiende por todo el desierto le da la vuelta cien veces y se muerde a él mismo   La poesía también se trata de morder y de arrancarse con colmillos afilados lo poco de piel que queda y seguir no importa a donde no se sabe a dónde pero seguir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *