“Tribunal de Apelación” de Michèle Causse

 

 

 

 

 

Tribunal de Apelación

Michèle Causse

Traducción de Laia López Manrique

 

 

 

-¿Su amante murió?

-Sí.

-¿La mató usted?

-No lo sé.

-¿No está usted segura?

-No.

-¿Dónde vivía en esa época?

-En Montreal.

-¿No vivía en Francia antes?

-Sí.

-¿Por qué se marchó de Francia?

-Para vivir con ella.

-¿Qué ocurrió?

-Ella tenía miedo de mí, de ella. De nosotras.

-¿Sabe por qué?

-Ella dijo: “Lo más propio de ti no es la vida, sino la iluminación. y no se puede vivir con ello día tras día.”

-¿La creyó usted?

-No.

-¿Objetó ella algo?

-Dijo: “Eres tan devastadoramente sincera en lo que respecta a la verdad.”

-¿Qué quería decir?

-Quería decir que no podía soportar la verdad.

-¿Cuál era la verdad?

-Que el amor es ontológico.

-¿Qué hizo usted entonces?

-Me quedé muy sorprendida.

-¿Cómo se sintió?

-Desconcertada.

-¿Todavía la quería?

-Sí.

-¿Lo sabía ella?

-Sí. Se lo dije.

-¿Dónde fue usted entonces?

-Me fui a una isla, debajo de un volcán. Por un tiempo un tiempo un tiempo. Entonces fui a ver a una amiga escritora a Florida. Conocí a Barbara Deming, que me alojó. La escuché. Escuché también a Sonia Johnson. Me lamenté de que Florida fuera tan plana. Volví al volcán. Estuve gateando o yaciendo por el suelo. Embobada.

-¿Durante cuánto tiempo?

-Durante cinco años.

-¿Su amante la llamó alguna vez?

-Sí.

-¿Qué fue lo que le dijo?

-Dijo: “nos hemos deslizado desde las fauces del sufrimiento hacia las profundidades de su vientre”.

-¿Y?

-Y “no puedo punzar la lejanía del presente, este ahora, esta tú”.

-¿Qué respondió usted?

-Que yo solo podía soñar despierta.

-¿Por qué se fue a Montreal?

-Para estar lejos de mi amante en Nueva York.

-¿Qué hizo en Montreal?

-Seguí adelante rompiéndome los huesos.

-¿Llamó a su amante?

-Sí.

-¿Fue ella a verla?

-Sí.

-¿Qué le dijo?

-Me dijo: “Ayuda”.

-¿Eso es todo lo que le dijo?

-No. Dijo: “En el sueño, por fin, no existe el entre.”

-¿Y?

-“Entre nosotras solo ha habido la conexión de lo disperso.”

-¿Hicieron el amor?

-Sí.

-¿Cómo se sintió?

-Como un barco naufragando.

-¿Le pidió que viviera con usted?

-Sí.

-¿Qué respondió ella?

-Ella dijo “sí” y dijo “no” y dijo “vayamos a la India”.

-¿Fueron?

-No.

-¿Y entonces?

-Me invitaron a la feria del libro de Québec. Era abril y estaba nevando. Hice una charla el día de la final de la copa Stanley. La feria estaba vacía. Dije “por favor, no os molestéis en leer mis libros porque escribir significa más para el escritor que para el lector.” Entonces pensé en Gertrude Stein. Una autora francesa se me acercó y me dijo “has sido valiente”. Su nombre era Clarisse Nicoidski. El día después el viento soplaba fuerte, fui a pasear junto al río St. Lament, y de pronto sucedió.

-¿Qué sucedió?

-Dejé de querer a mi amante.

-¿Qué quiere decir?

-De repente yo estaba drenada, seca. Muerta.

-¿Se lo dijo a ella?

-Sí.

-¿Por qué?

-Porque mi amor era aire y aliento y ella no podía vivir sin aire y aliento.

-¿Qué pasó después?

-Ella se puso enferma.

-¿Qué quiere decir?

-Enfermó de cáncer de hígado.

-¿Cómo lo supo usted?

-Me lo dijo por teléfono.

-¿Se sintió usted culpable?

-No.

-¿Qué edad tenía ella?

-Cincuenta y tres.

-¿Era alcohólica?

-No. Bebía leche de soja.

-¿La vio usted de nuevo?

-Sí, después de su primera salida del hospital. Fuimos a Mount Desert Island. Caminamos. Estuvimos hablando.

-¿Qué dijo ella?

-Dijo: “No veo luz en tus ojos.”

-¿Era cierto?

-Sí.

-¿Se sentía usted triste?

-Me sentía triste por no estar triste.

-¿Le dijo algo más?

-Ella dijo: “el terror sólo se tiene a sí mismo como alimento.”

-¿Sabía ella que iba a morir?

-Las dos estábamos muertas ya.

-¿Le dijo usted la verdad?

-Sí.

-¿Cómo reaccionó?

-Dijo: “la palabra clave de la vida es frustración.”

-¿Entendió lo que quería decir?

-Sí.

-¿Conoce usted la frustración?

-No. Solamente la privación.

-¿Cuándo murió clínicamente?

-La noche del 21 de febrero de 1990.

-¿Qué estaba haciendo usted esa noche?

-Estaba leyendo las cartas de Djuna Barnes a Natalie Barney en una plaza pública de Montreal.

-¿Sabía que ella estaba agonizando?

-Sí, lo sabía.

-¿Por qué no se quedó a su lado?

-Ella no quería que la viera. Tenía el estómago hinchado, se le había caído el pelo, la cara se le había ajado.

-¿Usted quería ir con ella?

-No.

-¿Por qué?

-Yo ya la había enterrado.

-¿Cuál fue su última palabra?

-”Ayuda”.

-¿Qué hizo usted después?

-El 21 de febrero de 1991 fui a Tulum, en México. me detuve delante del mar durante un rato un rato un rato y la llamé.

-¿Le respondió ella?

-No.

 

 

***

 

 

Michèle Causse fue una escritora y traductora francesa que vivió entre 1936 y 2010, autora de una obra polifónica y de signo experimental que combina la ficción, el ensayo, la poesía y el teatro. Vinculada desde los años 60 al feminismo y al activismo político lesbiano, se preocupó especialmente del modo en que el lenguaje vehicula la dominación masculina a través de lo que llamó el “androlecto”, aparentemente universal pero sólo representativo de uno de los sexos. Fue traductora y prologuista de Djuna Barnes, Willa Cather, Primo Levi, Luigi Malerba, Gertrude Stein, Dacia Mariani, Hermann Melville o Jane Bowles, entre otros. Decidió terminar su vida a través de la muerte asistida en Suiza a los 74 años.

 

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