Que no es normal

 

Mariña Sánchez Testas.

 

 

Que no es normal, coño. Que no. Que no es normal meter la mano en la caja por costumbre. Que no. Que no es normal mentir cuando te llaman a dar explicaciones al Parlamento y que no pase nada. Que no es normal tener en el Gobierno a un partido imputado por ser una banda de ladrones, copón ya, que no. Que no es normal que 90.000 millones se volatilicen cada año y aún funcione el “no me enteré de nada”. Que no es normal que sigan los ratones elevando a cada gato a donde mejor les pueda comer.

 

Que no es normal otra mujer muerta. Y otra. Y otra. Que no es normal una niña muerta. Que no es normal una madre muerta delante de su niña. Que no.

 

Que no es normal que digan las noticias que ese señor acusado de trescientas agresiones sexuales está en una clínica de rehabilitación en el bosque y hace arteterapia y monta a caballo y ya todo bien, hombre, que no. Que no es normal que te violen y además tengas que explicarte, que no es normal que te violen y te juzguen a ti. Que no es normal esta manada de lobos que se dan vítores, este miedo al acecho, esta impunidad.

Que no es normal aceptar una palabra que dice “posverdad”, hombre, que no. Que no es normal hacer como que te crees lo que no te crees. Que no es normal poner la tele para que te griten, que no es normal que no queden casi palabras en las que se pueda confiar. Que no es normal equivocarse tanto de enemigo.

 

Que no es normal que te encarcelen por hacer política. Que no es normal que te pidan el carné en una manifestación.

Que no es normal que no nos reconozcamos en las banderas de nuestra infancia –ropa tendida al sol en las cuerdas del pueblo o del barrio–  y que nos emocionemos sin embargo con símbolos ajenos codificados por guerras que no vivimos. Que no es normal morirse de frío. Que no es normal que destruyan tu ciudad, y escapes, y te detengan cuando llamas a la puerta pidiendo refugio. Que no. Que no es normal quemar los montes.

Que lo normal es la rabia contra quien nos roba y nos miente, ¿no? Que lo normal es querer a quien se quiera y que querer sea para bien, me parece a mí. Que lo normal es que el pan, pan, y el vino, vino: y que haya. Que lo normal es la complicidad con los iguales: las alianzas de género, de clase. Que lo normal es que la tierra para quien la habita y la nacionalidad para quien la construye. Que lo normal es juntarse, que lo normal reírse a carcajadas en la cara del poder.

 

Que lo normal es la vida, hombre, y querer vivirla a gusto.

«Tristes tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente», que dejó dicho Friedrich Dürrenmatt.

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