El icono feminista, ¿nace o se hace?

Hablamos con Dara Scully y Andrea Galaxina sobre el reconocimiento que reciben en España las mujeres influyentes, sabias y trabajadoras.

 

Portada del número 4 de Soñé con el tigre, de Andrea Galaxina.

Portada del número 4 de Soñé con el tigre, de Andrea Galaxina.

Muchas veces hemos oído hablar (y nos quejamos) de la ausencia de iconos feministas en la cultura española. Las mujeres de nuestro país se comparan con grandes referentes de la cultura pop actual como Lena Dunhan o Beyoncé. Al igual que la industria del cine, la moda y el arte españoles se compraran con lo que se genera en otros países, sobre todo, en Estados Unidos, el feminismo también es foco de esas comparaciones.

Estados Unidos tiene una cultura popular muy potente, una cultura del ocio y del entrenamiento con la que España no puede competir, y que mueve millones de dólares todos los días. Con eso, es relativamente fácil generar iconos, ídolos de masas que, de manera planificada o no, generan cierto calado pero también mercado. Y el feminismo no puede ser menos. Pero, ¿es esto beneficioso para la lucha feminista? ¿Son necesarios los iconos y los ídolos de masas para educar a la gente en igualdad? ¿Cómo se crean los iconos feministas? ¿Cualquier chica puede llegar a serlo en España?

Andrea Galaxina fundó en 2009 Bombas para desayunar, una editorial de fanzines hechos por mujeres que ha favorecido y potenciado el trabajo de un gran número de chicas y que ahora ha dado el salto a la edición de su primera novela, también escrita por una mujer. La editorial tiene además gran importancia por la calidad de sus contenidos. Uno de sus fanzines más memorables, ‘Feminizine’, ha supuesto con sus cuatro números, material sobre feminismo y teoría de género, entre muchas otras cosas, de gran calidad e importancia.

Con todo esto, Andrea ha trabajado con mujeres y se ha introducido en entorno lleno de esas “chicas que hacen cosas”, pero de las que las hacen de verdad. Cree que, efectivamente, “si existen iconos feministas en España. Evidentemente, no son conocidas a un nivel masivo como ocurre en Estados Unidos, por ejemplo, pero existir, existen”. Entre los nombres que menciona se encuentran las hermanas Damunt, el grupo Hello Cuca , Gelen Jeleton , artisvista o Estrella de Diego , esta última escritora, profesora universitaria de arte e investigadora.

Fotografía Dara Scully.

Fotografía de Dara Scully.

 

 

Dara Scully es fotógrafa y escritora, en estos momentos se encuentra inmersa en la creación de su nueva serie fotográfica Lilium candidum y ultimando los detalles de su nueva novela. Es mujer, es artista, y en su literatura habla sin tapujos y de una manera muy especial del cuerpo de la mujer, del sexo, de la masturbación femenina. Sin embargo, Dara no cree que actualmente “existan mujeres artistas consideradas propiamente iconos feministas, si consideramos un icono como una figura que llega a las masas. Hay iniciativas que empiezan a cobrar fuerza, como ‘Género y figura’ en fotografía, el proyecto ‘Cien de cien’ orquestado por la poeta Elena Medel, o claro está, ‘La tribu de Frida’. Hay quien desde diferentes medios trata de visibilizar el trabajo de las mujeres, pero no veo ninguna figura relevante a nivel social, un icono. Tal vez lo más cercano al icono, pero desde el lado del periodismo, sea Barbijaputa. Y no las hay, no porque no lo sean, sino porque realmente no interesa que las haya”.

Ya contamos con unos cuantos nombres, con iniciativas que promueven y, sobre todo, valoran lo que se hace desde el género femenino, pero, ¿realmente tienen el reconocimiento? ¿Son visibles a los ojos del gran público? A Andrea el término ‘visibilidad’ le parece un poco conflictivo, puesto que esas mujeres en muchos casos, “tienen la visibilidad que quieren tener, en otros no. Si hablamos de una visibilidad a gran escala, que las conozca todo el mundo o que salgan en la portada de las revistas, no, no la tienen, que quizás estaría bien que tuviesen más… probablemente, sí”.

“Ser mujer te lo pone todo más difícil en cualquier ámbito, y en el artístico no es diferente”, comenta Dara. “Cuando eres mujer, tienes que enfrentarte a eso que llaman ‘el arte de mujeres’, o ‘arte para mujeres’. Se da por sentado que una mujer va a hacer un arte propio, pensado para ellas, como si el acceso a lo universal fuera exclusivo de los hombres. Se nota mucho sobre todo en la literatura: la mujer que escribe tiene que ser por fuerza escritora femenina. Si nos fijamos, a las mujeres las leen en su mayoría otras mujeres. Estamos recluidas –o nos han recluido- y nos resulta complicado salir de ahí porque no nos dejan”. Esto impide que el trabajo de mujeres como las que nos hablan tenga realmente un calado en la sociedad o se tome realmente en serio. Esa visibilidad, o su ausencia, es la que hacen que mujeres cuyo trabajo es realmente importante, no lleguen a ser ídolos de masas o personas influyentes en el grueso de la sociedad.

Portada del número 4 de Feminizine, de Bombas para desayunar.

Portada del número 4 de Feminizine, de Bombas para desayunar.

En el caso de Bombas para desayunar se produce algo, digamos, parecido. Andrea cree que es “un fenómeno curioso”, cuanto menos, “que he observado haciendo y vendiendo fanzines. En Bombas he publicado cosas de todo tipo y, mayoritariamente, el público de esos fanzines (feministas, hablen o no del feminismo directamente) es masculino (no hay que olvidar que el mundo de fanzine es un mundo masculino). Sin embargo, cuando un fanzine es explícitamente feminista como Feminizine, la audiencia masculina se desmorona y el 90% de las personas que lo compran son chicas”. Pero, al fin y al cabo, un icono feminista tiene como público objetivo a las mujeres por lo que esa  “reclusión” podría ser incluso positiva, ¿o no?”.

Feminizine “no sé si llegó a ser influyente dentro del entorno en el que creció, pero sí que llego a la gente”. Creo que ha sido lo más destacable de todo este ‘boom’ del feminismo, por llamarlo de alguna manera: hemos construido una red de chicas que hacen cosas diversas y que nos apoyamos las unas en las otras de muchas maneras, desde comprando lo que hacemos hasta dando publicidad en las redes, escribiéndonos, etc.”

Dara Scully cree que todo este trabajo y manera de hacer por chicas “está influyendo mucho en nuestra propia generación, sobre todo a otras chicas jóvenes. Muchas veces me escriben para preguntarme cómo empecé yo porque tienen ese deseo, la necesidad de expresarse a través de la creación. Ver que hay otra gente haciéndolo, ver que poco a poco se van consiguiendo cosas, les anima a lanzarse a la aventura. En eso también influye enormemente internet: no solo “hacemos cosas”, sino que las compartimos y llegan a cualquier lugar del mundo, así que cualquiera puede verlas y encontrar en ellas la motivación suficiente como para empezar a crear. Eso antes, y también ahora pero en circuitos más elitistas, es mucho más complicado”. Y yo me pregunto, ¿no es lo que describe Dara ser realmente influyente?¿No hemos empezado muchos de nosotros haciendo cosas porque nos las descubrieron nuestros ídolos? ¿No se trata de hacer ver a las chicas que son capaces de hacer exactamente lo mismo que los chicos a través del ejemplo?

Sin embargo, aunque gran número de mujeres trabajan día a día por la igualdad y por conseguir un sitio en su ámbito, en España no contamos con un gran referente en cuanto a feminismo se refiere.  “Las mujeres artistas han sido una excepción hasta prácticamente los años 70”, continua Andrea, “aún hoy miramos las programaciones de los grandes museos, de las grandes instituciones, y la presencia de las mujeres es una anécdota. Sí es cierto que se están haciendo algunos esfuerzos por subvertir esta situación, pero de momento, la cosa para aquellas personas que no son hombres, sigue siendo más difícil”. Y así es complicado conseguir llegar al público en general.

Por este mismo, Dara decidió hacer una antología de mujeres fotógrafas junto a La tribu (que podéis leer aquí. “Una de las razones fue que, pese a que la mayoría de los fotógrafos emergentes en redes sociales son mujeres, luego en el circuito artístico el número desciende drásticamente. Es ahí donde son -somos- invisibles”.

La cosa se complica aún más cuando el trabajo que realiza una mujer es además feminista. Día a día se encuentran ejemplos de chicas y mujeres que cuentan con una importante labor de difusión del feminismo, sin embargo, en su mayoría, resultan anónimas. “No sé hasta qué punto se valora el trabajo de estas mujeres a un nivel general”, matiza Andrea, “pero quizá deberíamos valorarlo más”.

Número 9 de Fuerzas Absurdas, de Andrea Galaxina.

Número 9 de Fuerzas Absurdas, de Andrea Galaxina.

La consagración del icono

El reconocimiento del trabajo o de la obra de una mujer es más que necesario, es básico para poder visibilizar lo que está haciendo, su importancia. Y quizá ese sea el primer paso. Sin embargo, hace falta algo más que haga de una mujer con un trabajo excepcional un icono, que se reconozca más allá de sus propios ámbitos o esferas para poder llegar a más gente y fomentar el feminismo. En la actualidad, nos encontramos con esa “mercantilización” del feminismo que está haciendo que muchas adolescentes se interesen por él, pero también que las cuentas bancarias de algunas empresas (grandes y pequeñas) engorden.

En cuanto a los iconos pop del feminismo, “no sé si serán necesarios, pero no creo que estén mal. Todo lo que sea expandir el feminismo es positivo. Si Beyoncé hace o dice algo que hace que miles de chicas se interesen por saber qué es, de qué va el feminismo e incluso llegar a empatizar con ello, me parece estupendo”, afirma Andrea y añade “creo que es más sencillo, más realista y más lógico interesarse por el feminismo porque Beyoncé o Emma Watson o quien sea diga algo que leyendo a Simone de Beauvoir. El feminismo, tal y como yo lo entiendo, tiene que tener una vocación universal, llegar a todo el mundo y que sea la base desde la que se construya un cambio. Por eso todo lo que contribuya a difundirlo es positivo o no solo no ataca su esencia sino que contribuye a la misma” .El problema, tal y como opina Dara, es que “todo lo que se masifica corre el riesgo de banalizarse. Visibilizar el feminismo, crear iconos, tiene su parte positiva, pues hace llegar el mensaje a personas que igual de otra manera no iba a acercarse a él, pero también se corre el riesgo de perder la perspectiva o que los de siempre se apropien del concepto y se vuelva algo meramente comercial”.

Y esto sucede precisamente con corrientes o grupos que han surgido a raíz de “la moda del feminismo” o que han conseguido más presencia en los medios y en los hogares por ese motivo. “Me da tristeza cuando aparecen grupos como Femen, con sus acciones espectaculares y su presencia en los medios y todo el mundo las alaba y las pone como ejemplo de la lucha feminista. Con este tipo de cosas borramos el esfuerzo de muchas mujeres que trabajan y han trabajado durante mucho tiempo en ir modificando las cosas. Parece que el trabajo del feminismo “de base” es menos importante porque tiene menos repercusión mediática cuando en realidad el “activismo” de Femen no vale nada y es el otro, el anónimo, el que hace que las cosas realmente cambien”, explica Andrea.

Con todo eso, queda claro que hay mujeres que hacen cosas, mujeres que día a día trabajar por educar en feminismo o por fomentar y visibilizar el trabajo de otras mujeres. Sin embargo, no cuentan con una influencia tal para considerarse ídolos feministas para la masa de la población española, pero eso no significa que no puedan convertirse en iconos con su lucha.

 

 

 

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