Aguantar la respiración. “Piruetas” de Tillie Walden

 

La casa de las autoras gráficas

 

 

 

Piruetas de Tillie Walden. La Cúpula, 2017.

 

 

Aguantar la respiración sucede un momento antes de realizar una acción determinante. Precede al momento en que vamos a hacer algo que en nuestro interior consideramos inaceptable, atrevido, arriesgado o peligroso. Ya sea saltar al vacío, recitar un trabalenguas, subir al escenario, decírselo a tus padres o dar una voltereta, antes tomamos aire de manera involuntaria. Es un gesto de supervivencia pues sabemos que después nos faltará el aliento –seguro– y ¿quién sabe qué será de nosotros? ¿Vencerá la integridad y lo que en realidad somos? ¿Nos aceptarán los demás?

 

Los azares de una patinadora artística incluyen las posibilidades de dar un traspiés, olvidar los pasos, caer y finalmente la de no obtener la puntuación esperada. Siempre bajo el escrutinio del jurado, la patinadora sabe demasiado bien lo que es ceñirse a una vida de sacrificio en la que cada impulso debe controlarse y en la que los pensamientos son secretos. Sobretodo si eres una chica lesbiana, la más pequeña del equipo, y no tienes unos padres convencionales, pero sí miles de actividades extraescolares que ahuyentan la posibilidad de llevar una vida de holganza.

 

Como lectoras, a nosotras esta novela gráfica tampoco nos deja tiempo para ir al recreo. El ritmo de la historia es incesante, igual que los entrenamientos de T (Tillie). También es muy rica en planos fotogénicos en los que la luz atraviesa estancias frías como el hielo. Tillie Walden ha sorprendido a la crítica con este título autobiográfico en el contexto del interminable conservadurismo americano. Un contexto que fomenta la lucha individual por los logros y el reconocimiento de nuestras habilidades, pero reprime al verdadero “yo” que llevas dentro, al menos si no se ajusta a lo que se espera de ti.  Después de varios títulos publicados, su último lanzamiento también parece ser el mas destacado y prometedor.

 

 

 

 

Piruetas no es solo una obra de enorme belleza estilística que toma su mayor influencia del manga japonés, sino que en ocasiones es muy poético. La autora logra representar el valor de los silencios, los gestos más emotivos mientras vuelve sobre la relatividad del “yo” y el yugo de lo “femenino” tal y como lo entiende la sociedad de la potencia mas importante del mundo. Es interesante ver cómo aquellas naciones que dicen ser las potencias del mundo, que presumen frente a otros estados (viejos o jóvenes) de su idealismo y excepcionalismo cultural, en realidad practican una alta moral de la mayoría mientras acallan el abuso silencioso y oculto que se practica a las minorías. Portavoz de la libre expresión, en realidad el discurso americano es todo retórica y para nada se aconsejan sus modelos de familia o de núcleo escolar, en los que el paso de la niñez a la adolescencia se hace especialmente duro: véase la polémica referida a los abusos sexuales en los campus universitarios o los problemas con el “bullying”. Son solo una parte de los muchos conflictos incitados por los valores de poder y sumisión otorgados según sea el género o la preferencia sexual de los implicados. Como ya decía Kate Millet en su libro Política Sexual (1970) las mujeres hemos sido fuertemente estereotipadas por el sexo, forma en que se expresa este sistema patriarcal modélico y en realidad toda la dialéctica de la sociedad occidental:

 

 

Mujer

Hombre

Bella

Rudo

Limpia

Sucio

Moderada

Desmesurado

Cuidadosa

Descuidado

Débil

Fuerte

Sensible

Insensible*

 

 

Pero no me quiero alejar de la lectura. Esta novela gráfica no es otra historia de contrarios. La ambigüedad de los sentimientos y la personalidad de Tillie se imponen en el monólogo interno y en los sucesos descritos en el cómic. “Patinar me producía sentimientos encontrados. No me gustaba la feminidad de todo esto y sin embargo me sentía atraída por ello.” (p.77) La protagonista y autora se hace muchas preguntas a sí misma y asume que lo que parece irrepetible o dominado por el pasado puede revivirse por medio de la memoria una y otra vez. El recuerdo del pasado es nuestro DNI y enriquece nuestras narraciones tanto como el lápiz o la acuarela.  

 

 

* Aclaración: tabla resumida en la que al hombre acaso se le de mas libertad para asumir los roles vecinos siempre que esto no arruine su “masculinidad”.

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