Certain Woman

 

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Certain Woman

Kelly Reichardt

(2016)

I’m just fine, i’m just fine. La mujer en el porche traduce el trino de un pájaro silvestre hembra. Muchas veces, cuando queremos hablar sobre la autenticidad de algo, repetimos dos veces el material del que está compuesto: Esta pulsera es de oro, oro.  Esta cazadora es de piel, piel.

Esto podríamos aplicarlo también al trinar de los pájaros en Montana, pero no a la traducción de la mujer: la repetición hace pensar que algo anda mal. Un hombre senil (o tan lúcido, que parece senil) le cuenta que escucha a los pájaros, y le dice que el pájaro macho pregunta  cuando trina: ¿Cómo estás? ¿Cómo estás?. Y ella, cuando el hombre silva imitando el canto de la respuesta de la hembra, responde: Estoy bien, estoy bien.

He visto a personas acompañadas de animales (gatos y perros casi siempre) que hablándoles, dicen lo que quieren decir de otra forma: “Estamos cansados, ¿verdad?. O: No nos gusta el frio, ¿verdad?. Me pregunto que quiere decir esta mujer a través del pájaro.

Esta breve conversación en el porche de una casa de Montana pertenece a la segunda historia que nos cuenta Reichardt en su película; en ella una mujer, que esta construyendo una casa en mitad de la nada, va a pedir un montón de piedras abandonadas que están en la propiedad del vecino, un hombre mayor medio senil. La razón por la que la pide, es quizás uno de los corazones de este animal-película: La mujer quiere que su casa posea algo auténtico, piedra, piedra, quiere que se construya con el material del lugar, para que se ancle a ese paisaje-territorio desde la materia.

Ese montón de piedras esta en poder de un hombre con un mente perdida, en la que la lógica y la linealidad no se encuentran. La historia comienza cuando ella y su marido van a pedirle esa piedra. El marido no va muy convencido, y no entiende muy bien, esa idea de la mujer sobre la piedra. Pero la sigue. Tocan el timbre, se sientan un un sofá floreado, el hombre senil les cuenta que ha sufrido una caída hace poco, ellos, correctos, le ofrecen su ayuda para lo que necesite, y la mujer tozuda, le dice a continuación: pensábamos que, si no va a usar esa piedra que tiene allá afuera tirada, quisiéramos comprársela para nuestra casa.

El le contesta algo sobre un jardín, ella se niega a poner un jardín, requiere mucho tiempo y no esta interesada. El le insiste un poco más. Ella le explica porque quiere la piedra. Al final accede. Y en el porche cuando se despiden, hablan de verdad, traduciendo la conversación de dos pájaros.

Esta claro: hablan de cine y de muchas cosas: esta conversación entre un hombre anciano que te cuenta sus batallitas, y una mujer que tiene que escuchar, para poder pedir lo que quiere. Que se lo terminan dando, pero porque en realidad no le interesa ese montón de piedras. Y nadie entiende para qué lo quiere.  Ni ella misma. Pero que sabe que es valioso, y que pudo haber sido suyo desde el principio, pero él llegó primero. Kelly  Reichardt dirigió Wendy y Lucy en el año 2008, luego dirigió Meek’s Cutoff en el 2010 y Nights Movies en el 2012. Edita, dirige y escribe sus películas que giran alrededor de personajes femeninos. Y quizás ella ha tenido que escuchar ciertas batallitas, esperar para poder pedir lo que se ha venido a pedir. Y no entender bien el idioma que le proponen. Y encontrarse con un monton de piedras para poder hacer sus películas.

Las tres mujeres que retrata Reichardt en su película, son mujeres-paisaje: no hay nada que no se pueda saber si las observas lo suficiente. La primera, Laura, una abogada que no siente pena por un hombre vencido; la segunda, Gina,  va a pedir lo que quiere pedir aunque sea a un hombre medio loco, y la tercera, Jamie, va en busca del deseo aunque tenga que conducir en mitad de la noche. Todas ellas filmadas magistralmente, dicen poco o nada en sus diálogos, quizás esta que relato, sea la conversación más larga sostenida en toda la película. Sin embargo la narración discurre por otros cauces. Es como mirar un cuadro muy detalladamente, y descubrir al notar la pincelada, como esta construida la personalidad de estos tres personajes. Estructurada en tres partes con un estribillo único y final.  Las historias se enlazan en los lugares de esa otra realidad que es la íntima, como si se desdoblasen, pero no a nivel social, entre la hipocresía y la honestidad, sino en tiempos de percepción: entre lo privado y lo colectivo.

En un primer momento, parece un libro de relatos tipo el de los ambientes de los relatos de Carson Mccullers, sobre todo cuando lees que la directora ha trabajado sobre los cuentos de Maile Meloy, sin embargo cuando empiezas a fijarte en los encuadres propuestos: la película arranca con una imagen definida: una mujer y un hombre se visten por separados en las esquinas de la fotografía. Un encuadre cuidado, con intención, pero de una duración perfecta: te permite entrar en la película, te permite darte cuenta de la decisión de la directora, pero no te “obliga” a permanecer sentada admirando las decisiones de la dirección. Corta y te introduce dentro de la primera parte: una abogada intenta hacer entender a su cliente que la batalla contra su anterior empresa la perdió hace tiempo. Cuando pasa a la segunda, en la que una mujer aparece corriendo a la orilla de un rio, ya sabes que estas dos mujeres son la misma pero distintas. Y en la tercera, confirmas que esta hablando de ciertas mujeres. Y te das cuenta de que es cierto: no es un libro de relatos. Es una película de retratos. Igual que Gone With The Wind, (1939 “Lo que el Viento se Llevo”) no es una película sobre la guerra de secesión, ni sobre la esclavitud, ni sobre el Sur, ni siquiera sobre Scarlett O’Hara, sino sobre la voluntad de Scarlett O´Hara. Pero antes en el cine para retratar a una mujer tenían que montar muchos decorados, el personaje tenía que tener una historia muy interesante detrás, y unos hombres muy importantes (quizás más que ellas mismas) para que tu pudieras ver la fuerza silenciosa y tempestuosa de una voluntad de vida.

Y las partes que parecen discurrir como relatos estancos con uniones casuales entre los personajes, forman un todo, que tiene que ver con la propuesta fotográfica y el lugar, con lo colectivo.

Quizás lo que consigue  Reichardt es retratar la voluntad de ciertas mujeres. No una voluntad que sobrevive guerras o hambres. Ya no es:  yo o la muerte . No, ahora la voluntad es más sibilina, mas onírica. Más difícil. La voluntad: íntima, a temporal,  incomprensible. La voluntad tozuda y férrea, la voluntad de surcar esa tierra inhóspita con todo mi deseo por viento. Por un momento, la película se desdobla, Jamie, la cowwoman, ha ido en busca de la mujer de la que se ha enamorado, una abogada, ha conducido toda la noche, y lleva buscándola por los distintos bufetes de abogados de la ciudad, como un sueño, camina por esta ciudad, y entonces Laura, la abogada de la primera historia, sube unas escaleras y la mira. Una falda en una escalera,  y esas dos vidas por un breve momento comparten espacio, y parece que estás en un sueño, cuando cambias el decorado y las personas con las que estabas se han convertido en otras. ¿Pero de que va la peli? ¿dónde esta la realidad?.  Y llega el estribillo: un instante en el que se ve las tres vidas, unidas y continuas. Y llega el final, final.

Y sabes que esas mujeres existen, y que te las vas a encontrar, en algún lugar de Montana, o de Torremolinos. Son mujeres que viven en dos tiempos a la vez: el de su voluntad, que las lleva de un lugar a otro, y el común. Y cuando las retratas unas veces se ve la voluntad, y otras se ve lo de todos los días: el trinar de los pájaros, dar de comer a los animales, caminar por el campo.

Es difícil encontrar una película que te gusta en su totalidad, pero esta peli de Kelly Reichardt, respeta al espectador y a  su tiempo, retrata con cuidado algo que en los antiguos pintores, llamaban fuerza.

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